lunes, 15 de octubre de 2007

China debate su futuro

Los especialistas en leer las hojas de té de la política china se preparan para una semana agitada tras la inauguración hoy en Beijing del congreso quinquenal del Partido Comunista, en el que se perfilará la sucesión política del actual liderazgo y que se abrirá en medio de una renovada tensión con Taiwan.
El congreso, que durará una semana, permitirá calibrar el capital político que ha logrado amasar el presidente Hu Jintao desde su elección, en 2002, y ofrecerá indicios sobre el futuro inmediato de China, cuyo surgimiento espectacular en los últimos años envía crecientes ondas de choque a todos los puntos del globo. Los observadores recuerdan que, salvando las distancias, el congreso del PCC tiene la misma o mayor importancia que tendrán los comicios norteamericanos de 2008, en los que será elegido el sucesor de George W. Bush, porque determinará el curso de la política interna e internacional de una de las potencias cuyos estornudos hacen resfriar al resto del mundo.

China es responsable de casi el 14% del crecimiento económico mundial y su proporción del PBI global aumentó un punto porcentual en apenas cuatro años. Y tiene una posición dominante en los mercados de carbón, cemento, electricidad, textiles y petróleo, así como en el de alimentos como cereales, carnes y frutas. Beijing es un importante socio comercial de los principales países en América latina, con los que tiene una relación de complementariedad y, al mismo tiempo, de competencia.
El Congreso nominará, además, a una veintena de integrantes del Politburó, la elite ejecutiva del PC. Entre siete y nueve miembros, el número exacto está por definirse, serán los que formen el Comité Permanente, el club de los hombres más poderosos de China, entre quienes estará el sucesor de Hu, cuyo mandato termina en 2012. Dos jóvenes líderes provinciales, Li Keqiang y Xi Jinping, son considerados por los analistas posibles sucesores de Hu y del premier Wen Jiabao.
Otro de los ejes del Congreso, según estimaciones locales, será el reclamo secesionista de Taiwan, cuyo presidente, Chen Shui-bian, convocó a un referéndum para 2008. Esta decisión fue evaluada por Beijing como un paso clave para la declaración de la independencia, lo que aumentó la tensión con Taipei, merced a que China considera a Taiwán una provincia separatista y ha advertido que la atacará si avanza en su plan independentista.
En un país donde la burocracia oficial deja poco lugar a la improvisación, el desenlace del Congreso parece responder a un libreto previamente ensayado, en una coyuntura en la que, a diferencia de la década del 70, no hay una lucha entre facciones, sino un aparente consenso sobre los temas cruciales.
Pero, a medida que China avanza en su liberalización económica, la falta de un programa paralelo de democratización política se hace más evidente y es el tema que, según creen muchos analistas, estará en el trasfondo de las discusiones. "Yo creo que la reforma política es un tema que ha empezado a ganar fuerza en las últimas semanas y ha pasado a formar parte de la agenda, porque hay presión de abajo hacia arriba", advirtió Baohui Zhang, profesor asociado de Ciencias Políticas en la Universidad de Lingnan, en Hong Kong. "Hu va a insistir en que China avance en la construcción de una sociedad armónica, pero una vez que se empieza a hablar de sociedad armónica es imposible no hablar de libertad política", agregó.
Acuñar lemas políticos ha sido una de las armas de propaganda utilizadas por el gobierno chino para movilizar a su población. En el caso del lema "Construir una sociedad armónica", que resume la estrategia del presidente Hu, se trata de la admisión pública de las contradicciones e incertidumbres del modelo económico chino.
Aunque el "socialismo capitalista" abrazado por el país ha duplicado el ingreso per cápita de la población en tan sólo cuatro años, también ha creado una enorme brecha entre ricos y pobres y disparado la corrupción oficial a niveles sin precedente. Los problemas ambientales merecen un capítulo aparte.
"Decir que China es una sociedad armónica es todavía una declaración vacía. Hay que resolver los desequilibrios sociales y ambientales, además del desafío mayor de hacer la transición a una sociedad más participativa", dijo el profesor Zhang.
"Pero yo no desestimaría la capacidad del régimen para alcanzar sus objetivos y transformar el país -destacó-. Si eso se cumple, China podría emerger como modelo económico y político de los países en Occidente".
Eso sin duda le aseguraría a Hu Jintao un lugar en la historia. Cinco años después de haber asumido el cargo más importante de China, el presidente sigue siendo un enigma para quienes intentan descifrarlo. Implacable con los disidentes y reticente a condenar a los gobiernos de Myanmar y Sudán, acoge en su círculo cercano a pensadores como Yu Keping, autor del libro titulado La democracia es una buena cosa . Democracia con características chinas, se entiende, pues la continuidad del sistema de partido es para Hu un asunto fuera de cuestión.
Analistas aseguran que es muy pronto para calificar al presidente Hu de reformador, pero su propuesta de corregir las distorsiones creadas por el modelo económico del país es un componente importante del legado que dejará tras su paso por el poder. El congreso del partido parece ser el escenario apropiado para testear ese legado, en un ambiente más de persuasión que de presión, muy distinto del que se vivía en China hace cinco décadas, cuando decisiones gubernamentales como el programa de industrialización de Mao Tsé-tung bautizado "El gran salto adelante", causaron la muerte por hambre de 30 millones de personas.
Con manifestaciones de descontento en diferentes partes del país, resolver los problemas sociales es hoy por hoy un asunto de supervivencia no sólo para Hu, sino para el sistema chino en general. La pregunta obvia, sin embargo, es si es posible combatir problemas como la corrupción rampante en un ambiente no democrático.
Según el analista político Robert Broadfoot, de la consultora Political & Economic Risk de Hong Kong, Hu pertenece a la última generación de dirigentes con ascendencia entre los padres fundadores de la revolución.
La próxima camada de líderes chinos será producto de un proceso de sucesión con más elementos democráticos que nunca. Una promesa de democracia que no es suficiente para calmar los ánimos de los activistas políticos chinos, que en las semanas previas al congreso han denunciado estar sufriendo la peor ola represiva en años.

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