jueves, 6 de diciembre de 2007

Taiwán vuelve a tensionar relaciones EE.UU.- China

En un nuevo capítulo en la escalada de tensiones entre los gobiernos chino y estadounidense, un vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China reveló el malestar de su país por el paso a fines de noviembre del portaaviones USS Kitty Hawk por el Estrecho de Taiwán.

De acuerdo con el funcionario, Beijing pidió a Washington actuar con prudencia en el área altamente sensible, un canal que en su parte más angosta tiene 130 kilómetros y que separa a la isla de Taiwán de la China continental.
El tránsito por el estrecho del portaaviones y su escolta, se produjo luego de que el gobierno Chino le negara permiso para tocar puerto en Hong Kong, en donde la tripulación del Kitty Hawk y las otras naves esperaba pasar la festividad estadounidense del Día de Acción de Gracias.
Un día antes, Beijing había negado autorización a dos barreminas también de los EE.UU. – el USS Patriot y el USS Guardian- para que anclaran en Hong Kong a fin de evadir una tormenta y reabastecerse de combustible. Más tarde se supo también que en la misma fecha las autoridades chinas rescindieron el permiso de aterrizaje de un avión C-17 que periódicamente entrega suministros al consulado estadounidense en la antigua colonia británica.
Cerca de 50 naves norteamericanas pasan cada año por el puerto de Hong Kong y la última vez que le fue negada la entrada a alguna fue en el 2001, en el curso de una crisis diplomática entre ambas naciones.
En respuesta a la negativa china a dejar anclar sus barcos en aguas de Hong Kong, la flota estadounidense puso rumbo a Japón atravesando en su ruta el estrecho de Taiwán, una decisión que agregó un nuevo elemento de estrés a las de por sí tensas relaciones militares entre el gigante asiático y su par occidental.
El origen de los episodios diplomáticos de las últimas semanas parece estar en la decisión estadounidense de vender a Taiwán mejoras por valor de US$930 millones para su sistema de defensa de misiles tierra-aire, una resolución que fue anunciada, precisamente, poco después de una visita a Beijing del Secretario de Defensa Robert Gates.
La visita ocurrida el 5 de noviembre, tenía como objetivo discutir las relaciones militares Washington-Beijing y mejorar las comunicaciones a alto nivel para evitar malentendidos. El hecho de que Estados Unidos anunciara a continuación una iniciativa de apoyo militar a Taiwán causó sorpresa y malestar en el gobierno chino.
El momento, sin embargo, puede haber sido escogido cuidadosamente por los EE.UU., que ve con preocupación cómo el equilibrio de poder en el este asiático está cambiando en la medida en que China gana estatus en el escenario regional y mejora sus relaciones con sus vecinos, en particular con Japón.
El gobierno estadounidense ha pedido también más transparencia a Beijing en relación con sus gastos militares, que este año tendrán un aumento de cerca del 18%, el mayor incremento en los últimos cinco años.
En China, por su parte, crece el nerviosismo debido a un referendo convocado para marzo por el presidente taiwanés Chen Shui-bian, en el que los votantes deberán respaldar el ingreso de la isla a las Naciones Unidas como país independiente de la República Popular China. “La situación en el estrecho de Taiwán es la más amenazante desde el final de la Guerra Fría. Parece relajada en la superficie, pero está sumamente tensa en el interior”, dice Andrei Chang, experto en asuntos militares de China y Taiwán y editor de la revista Kanwa Defense Review.
Diplomáticos chinos y norteamericanos reunidos en Washington hace un par de días trataron de bajarle el tono a los provocativos episodios de parte y parte, pero está claro que cuando dos superpotencias miden fuerzas la alarma es generalizada. Es de esperarse que dadas las posibles implicaciones de una mayor escalada en las tensiones, las partes estudien bien sus próximos pasos.

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