martes, 15 de enero de 2008

Crecer es demoler


El perfil del centro de Hong Kong es una de las vistas más fascinantes de Asia. Edificios de afamados arquitectos se superponen a un fondo de espesas montañas, mientras que en primer plano, en las aguas de Victoria Harbour, embarcaciones que van y vienen agitan el canal que separa la isla de Hong Kong del continente chino.
Al afortunado turista que asiste deslumbrado a este espectáculo sólo le queda una alternativa: apresurarse a tomar una fotografía porque la fisonomía de Hong Kong cambia al capricho de sus autoridades.

En nombre del progreso los planificadores urbanos de la antigua colonia británica aplican una política de renovación que demuele vecindarios tradicionales y los remplaza por torres de apartamentos y centros comerciales. La más reciente víctima de este ímpetu renovador es el Mercado Callejero Central.
Ubicado en la Calle Graham que corre perpendicular al mar, el mercado es una sucesión de ventorrillos en los que se vende desde vegetales chinos hasta pescado fresco, pasando por manjares menos convencionales como huevos envejecido de pato y cuero seco de cerdo.
Es el mercado más antiguo de la ciudad y además de vendedores ambulantes, aloja tiendas centenarias que comercian en especies y productos medicinales. Es escala obligada de quienes visitan la ciudad y quieren respirar el aire –a veces demasiado aromático- del Lejano Oriente.
De acuerdo con la propuesta gubernamental 37 edificaciones, algunas de las cuales datan de la pre-guerra, serán demolidas y remplazadas por cuatro torres de 40 a 50 pisos cada una. Más de mil familias tendrán que ser indemnizadas y reubicadas. “Este proyecto traerá beneficios tangibles a aquellos directamente afectados y creará espacios públicos que podrán ser disfrutados por todos”, asegura Michael Ma, director de Planeamiento y Diseño de la Autoridad de Renovación Urbana (URA).
Los planificadores esperan que muchos de los comerciantes afectados se instalen en las nuevas construcciones y le sigan dando a la zona el aire peculiar que tiene hoy, pero la realidad es que la compensación ofrecida a los dueños actuales no será suficiente para comprar una propiedad nueva en el mismo lugar.
Los defensores del patrimonio histórico y cultural de Hong Kong creen que más allá de la aparente buena intención, está el interés del gobierno de aumentar el valor de la finca raíz.
Según una norma heredada de la época colonial, toda la tierra de Hong Kong le pertenece al gobierno y es otorgada en usufructo a los desarrolladores. “No estamos en contra de lo nuevo ni de lo grande, pero este proyecto no respeta la cultura local. Todavía no ha sido dicha la última palabra y la ciudadanía seguirá oponiéndose a que se acabe con el patrimonio tangible e intanglible”, advierte Jeffrey Au, vocero de Heritage Watch, una coalisión de movimientos ciudadanos que ha organizado varias protestas para defender el Mercado Central.
La anunciada demolición del mercado es apenas uno de los casos que despierta la ira de los movimientos cívicos. Con casi 7 millones de habitantes, 6 mil almas por kilómetro cuadrado, Hong Kong es densa y congestionada. La tierra es cara y cualquier terreno que pueda ser convertido en una torre habitacional o comercial y vendido a precios astronómicos es una tentación difícil de resistir.
Con todo, la densidad poblacional es apenas una parte del problema. Hong Kong debe su prosperidad al hecho de que tiene una de las estructuras impositivas más favorables del mundo, lo cual le permite competir con otras capitales de Asia para atraer inversión y turistas.
Debido a la baja recaudación, los recursos para infraestructura y obras públicas dependen de los negocios inmobiliarios que hace el gobierno. Como es de suponer, es más lucrativo demoler un edificio histórico y revender el terreno, que conservarlo.
“La política de conservación histórica de Hong Kong está determinada por las normas impositivas. La gente protesta porque no se cuida el patrimonio, pero nadie admite que debido a que pagamos pocos impuestos la conservación no es económicamente viable”, analiza el historiador y escritor Jason Wordie, que organiza visitas guiadas por el centro de Hong Kong.
A medida que pasan los años, Wordie tiene cada vez menos construcciones históricas para estudiar. La línea costera de la ciudad que en la época colonial estaba ocupada por edificios victorianos, casi no tiene hoy vestigios del pasado. Joyas arquitectónicas como el Club Hong Kong y la antigua Oficina de Correos fueron demolidas y remplazadas por torres.
En octubre fue el turno del Muelle de la Reina, una edificación construida inicialmente en 1925 y reconstruida en 1954 y que fue testigo del desembarco en Hong Kong de personajes históricos. El edificio está siendo desmontado pieza por pieza con la promesa de reedificarlo en una locación cercana, para abrir paso a un proyecto masivo de reclamación de tierra.
Rellenar Victoria Harbour, el canal que separa la isla de Hong Kong del continente, ha sido el método preferido por las autoridades para financiar su presupuesto de gastos. “El costo material de rellenar es muy bajo. Sólo se necesita bombear arena y en poco tiempo la tierra creada se vende a un precio altísimo”, explica Wordie.
La reclamación de tierra en Hong Kong empezó a mediados del siglo XIX y le ha cambiado la cara a la ciudad. Aunque rellenar el mar no es malo de por sí –una quinta parte de la superficie de Holanda, por ejemplo, es terreno reclamado- en el caso de Hong Kong ha reducido en por lo menos cinco kilómetros cuadrados el área de Victoria Harbour, poniendo en peligro éste que es su principal atractivo turístico.
En lo que antes era el mar hoy se asienta la mayor parte del Distrito Central de la ciudad, una sucesión de imponentes torres conectadas a través de pasos peatonales elevados. Los 88 pisos del IFC, el edificio más alto de Hong Kong y el séptimo más alto del mundo, descansan sobre un relleno. Sobre un área reclamada en la vecina isla de Lantau están también el Aeropuerto Internacional de Hong Kong y hasta el parque de diversiones de Disney.
Las autoridades están convencidas de que la prosperidad económica de Hong Kong depende de la construcción de nuevos edificios y de la renovación de los antiguos, y no temen que el deterioro de Victoria Harbour perjudique la industria turística, la otra fuente importante de ingresos de la ciudad.
Se estima que entre un 60 y un 70% de los turistas que llegan a Hong Kong provienen de China continental y por lo general ellos no están interesados en ver monumentos o disfrutar del paisaje sino en visitar centros comerciales, los cuales dicho sea de paso tienen su supervivencia asegurada.

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