lunes, 12 de noviembre de 2007

La carrera espacial se libra en Asia

El campo de batalla es el mismo, pero los rivales son muy distintos. En lugar de Apolo y Soyuz, esta vez las naves tienen nombres como Kaguya, Chandrayaan y Chang’e .
Cuatro décadas después de que los norteamericanos pisaran por primera vez el suelo lunar anticipándose a los planes de la entonces Unión Soviética, Asia es responsable por el regreso de la conquista de la Luna a la agenda espacial. En un mundo cada vez más multipolar, las economías emergentes del continente más populoso quieren reclamar su parte del espacio.
El proyecto exploratorio más avanzado es el de China, cuya sonda lunar Chang’e-1 lanzada recientemente deberá transmitir las primeras imágenes del suelo lunar a fines de este mes. Es el primer paso en un plan que incluirá el alunizaje de robots en 2012 y 2017 y cuyo objetivo último es enviar una misión tripulada que se pose en la Luna.
Hace cuatro años, China se convirtió en el tercer país en poner un hombre en el espacio. Gracias a sus cohetes Larga Marcha, en la última década el país se ha convertido también en uno de los principales competidores en el mercado mundial de lanzamiento de satélites comerciales.
“La sonda lunar Chang'e-1 es una misión puramente científica, no tiene objetivo militar y no transporta equipo bélico”, aseguró tras el lanzamiento un portavoz de la Comisión de Ciencia, Tecnología e Industria para la Defensa Nacional de China.
Un mes antes de la puesta en orbita de Chang’e-1, Japón había lanzado su sonda Kaguya, que ya entró con éxito en la orbita lunar. Los nipones también espera enviar un vehiculo que alunice en el 2012 y otro que alunice y después regrese a la tierra en el 2018. A mediano plazo, según un vocero de la Agencia Exploración Aeroespacial, Japón aspira a establecer colonias habitacionales en la Luna.
El tercer país en la carrera asiática por la Luna es la India, cuyo explorador lunar Chandrayaan-1 está programado para abril del año próximo. Con un presupuesto más modesto que el de los otros países en la región, India espera enviar una segunda versión de la sonda alrededor del 2011 y una nave tripulada en el 2030.
Las autoridades aeroespaciales indias han reiterado que su propósito no es comercial ni militar, lo cual tiene crédito entre la comunidad académica. “El proyecto espacial de la India se desarrolla en dos direcciones: primero, en perfeccionar aplicaciones civiles en las que el país está muy avanzado como por ejemplo la previsión meteorológica. El segundo propósito es usar la exploración espacial para desarrollar tecnología científica. La ciencia tiene una gran reputación en la India y atrae a muchos profesionales porque es un símbolo de realizaciones y de poder”, dice desde Nueva Delhi Swapna Kona, investigadora del Instituto de Estudios sobre Paz y Conflictos.
En efecto, las conquistas espaciales propulsan el nacionalismo y elevan el prestigio de los países que las protagonizan. Son un incentivo para atraer a los jóvenes a la ciencia y así formar una fuerza de trabajo que pueda responder a los desafíos tecnológicos futuros.
Nasa, la Agencia Espacial Estadounidense, ha identificado dos mil razones por las cuales el hombre debe volver a la Luna, entre ellas la posibilidad de contar con un puesto de suministros para misiones más ambiciosas como la conquista de Marte y el uso de elementos del ambiente lunar para crear fuentes de energía alternativas a las actuales.
Pero la importancia estratégica de conquistar el espacio es tanto o más relevante que sus posibilidades económicas. Por eso, también los Estados Unidos trabaja en un proyecto que incluye volver a la Luna en los próximo años, para de allí conquistar Marte.
“Con la destrucción exitosa de uno de sus satélites meteorológicos, China ha demostrado su claro intento de rivalizar en el espacio con los Estados Unidos. Si llegan a la Luna antes que nosotros, pueden cambiar el equilibrio global de poder”, señaló en un documento reciente Elliot Pulham, Presidente de Space Foundation, una asociación que defiende los intereses de la industria aeroespacial norteamericana.
En enero de este año, China utilizó un misil balístico para destruir un satélite obsoleto, demostrando que el país ya domina tecnología que podría amenazar el sistema anti-misiles de los Estados Unidos. La sonda Chang’e-1 que esta semana entró exitosamente en la órbita lunar, sirvió para corroborar ese hecho.
Las sospechas de que la exploración lunar por parte de países asiáticos podría ser el comienzo de una nueva “Guerra de las Estrellas” abundan en los Estados Unidos, pero no son compartidas en otros países. “Es normal que cuando se desarrolla una nueva tecnología se piense en sus aplicaciones militares. En términos de política exterior, la posición del gobierno de la India es aceptar la palabra de las autoridades chinas, las cuales han garantizado que su propósito es civil”, explica Swapna Kona.
Analistas han señalado que el surgimiento espacial de la China ha sido en parte resultado del aislamiento tecnológico a que el propio gobierno de los Estados Unidos ha sometido al gigante asiático.
Mientras que India y Japón tienen acuerdos de cooperación espacial con los Estados Unidos –los nipones hacen parte del consorcio que construye la Estación Espacial Internacional- el gobierno norteamericano se ha opuesto a permitir el ingreso de China en el consorcio y ha bloqueado la exportación a ese país de satélites y componentes espaciales.
China se resiste a ser calificado como el próximo rival espacial de los Estados Unidos y en diversas oportunidades ha patrocinado resoluciones en las Naciones Unidas que proscriban el uso de armas en el espacio. Sin embargo, Pekín se resiste a dar más transparencia a sus gastos de defensa, los que según analistas han aumentado considerablemente en los últimos años.
Si el mundo está a las puertas de una carrera armamentista en el espacio nadie lo puede predecir, pero cualquier tensión entre adversarios inevitablemente se verá reflejada en sus programas espaciales.
En el caso particular de la Luna, el hallazgo de recursos valiosos en su ambiente puede dar lugar a conflictos futuros, no muy distintos en su esencia de los que se han librado y aún se libran en la Tierra.

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