viernes, 25 de enero de 2008

Los Olímpicos: ningún juego

Ser la sede de una Olimpiada es un proyecto que inspira, unifica y transforma a un país, poniéndolo en el mapa como quizás ningún otro evento logra hacerlo. Pues bien, en China todo esto ha adquirido proporciones épicas.
Basta sintonizar por un momento la televisión estatal para darse cuenta de que la administración y parte de la ciudadanía están totalmente obsesionadas no sólo en lograr que Beijing cause en los visitantes la misma impresión que producen Londres, París o Nueva York, sino en hacer de la ocasión un momento crucial en la historia moderna del país. Los desafíos para conseguirlo no son pocos: desde enseñar a los habitantes de Beijing a hacer fila y no escupir, hasta hacer desaparecer la polución que ya hace parte del paisaje.

Grandes pantallas en las principales ciudades llevan la cuenta regresiva para la inauguración de los Juegos y el bombardeo de noticias relacionadas con los Juegos es tal que desde hace más de un año el diario oficial China Daily publica un suplemento semanal de ocho páginas dedicado exclusivamente al tema.
Faltando siete meses para la ceremonia de inauguración –se eligió el 8/08/2008 por ser una fecha auspiciosa- todo en Pekín parece estar listo. O casi todo.
Esta semana la prensa local reveló que el gobierno chino planea retirar la mitad de los 3,3 millones de coches que hay en la ciudad durante la realización de los Juegos, a fin de mejorar la calidad del aire y descongestionar el tráfico.
La contaminación de Pekín es uno de los principales problemas que enfrentan las autoridades, las que además de prohibir la circulación del tránsito, planean cerrar las fábricas aledañas durante las dos semanas del evento. Aún así, varios equipos olímpicos internacionales han escogido sedes alternativas para sus entrenamientos y sólo irán a la capital a participar de las competencias.
Los niveles de polución en la ciudad son tan altos en este momento, que pocos creen que las autoridades serán capaces de producir cielos azules cuando se necesiten en agosto. Con todo, la mala calidad del aire no es el único desafío a que se ha enfrentado China en la organización de estos Olímpicos.
Mientras en Occidente el comportamiento de una persona no es visto necesariamente como el reflejo de toda una colectividad, en las sociedades orientales es diferente y eso explica el esfuerzo de las autoridades por “internacionalizar” a los pequineses antes de que las hordas de extranjeros desciendan a la ciudad.
Costumbres como escupir, sorber la comida, eructar ruidosamente y empujar para abrirse paso en la fila son normales en China pero causan rechazo entre muchos extranjeros, por lo que el gobierno resolvió distribuir cuatro millones de manuales de etiqueta y fijar letreros por todo Pekín recomendando a los locales que mejoren sus modales.
Sin embargo, como lo admite el Director de la Oficina de Etica de la capital, “construir estadios no es problema, pero elevar las calidades y la civilización de la gente es algo que no se puede hacer en uno o dos meses, ni siquiera en uno o dos años”.
El gobierno no es el único preocupado con la imagen que pueda proyectar China en el exterior, por lo que grupos de ciudadanos y sindicatos han organizado sus propias sesiones de etiqueta en las que enseñan a los pequineses la manera correcta de hinchar en un estadio, cuándo se debe aplaudir y por qué no es bien visto insultar al adversario.
Los voluntarios que estarán en contacto directo con los atletas y los directivos olímpicos han tenido también un entrenamiento exhaustivo con hasta 15 horas diarias de clases de inglés. Para las 380 jovencitas que tendrán a su cargo la tarea de entregar las medallas, la preparación ha significado tener que re-aprender caminar, hacer venias y hasta a sonreir.
La significación de los Juegos para Pekín va más allá de lo deportivo: son la oportunidad que China ha elegido para anunciar al mundo que está lista para reclamar su lugar entre las naciones más poderosas del planeta.
“El gobierno chino ha politizado las Olimpiadas y las ve como un indicador de su creciente poder en el escenario global. Y es lógico que sea así, porque si todo sale bien y el país tiene éxito como anfitrión, el resto del mundo tendrá que darle el crédito”, dijo a La Nación David Zweig, director del Centro sobre Relaciones Transnacionales Chinas de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong.
Para el académico, el principal reto político de China con relación a los Juegos, será el manejo de eventuales protestas. “El gobierno sabe que muchos jóvenes que entrarán como turistas pretenden en realidad organizar protestas. Habrá que ver cómo las maneja un Estado que es visto en el resto del mundo como policial”, concluyó.

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