martes, 19 de febrero de 2008

Bush y el "nuevo colonialismo" chino

La competencia entre China y Estados Unidos se libra en muchos escenarios y uno de los más relevantes es Africa. Ambas naciones codician no sólo la abundancia de recursos naturales del continente africano, sino su creciente influencia en la comunidad internacional.
Por eso el viaje reciente del Presidente Bush a seis naciones africanas que están haciendo un esfuerzo por instaurar o fortalecer sus democracias, ha sido comparado con la actitud del gobierno chino al que se acusa de estar implantando un nuevo colonialismo en la región.
El gigante asiático ha invertido hasta ahora USS$7 mil millones en más de 40 países del área, lo que según críticos además de endeudamiento, agrava la corrupción y produce deterioro del medio ambiente. ¿Cuál es el interés de China en Africa?

El principal motivo detrás del interés chino en África está en su demanda por recursos naturales. China necesita minerales y petróleo para sostener su ritmo de crecimiento y en los últimos años ha salido de compras por el continente africano para obtenerlos. El país asiático es el tercer importador mundial de combustible, el segundo de acero y el primero de mineral de hierro.
En muchos casos, los recursos deben ser extraídos de zonas remotas con poca o ninguna infraestructura. Es el caso de Gabón, en donde en el 2005 China ganó una licitación para explotar un depósito de mineral de hierro que yace a 1,000 kilómetros de la costa. El contrato prevé la inversión de US$3 mil millones -una suma equivalente al presupuesto anual de Gabón- e incluirá no sólo la creación de la infraestructura de extracción del mineral, sino también la construcción de 500 kilómetros de vía férrea, un puerto de contenedores y dos plantas hidroeléctricas.
“Al contruir caminos, carrileras y universidades, para no mencionar las inversiones industriales, China puede tener un impacto dramático en la vida de la gente, pero su insistencia en no intervenir en asuntos internos hace que no diga nada sobre la corrupción, los abusos a los derechos humanos o la falta de democracia que han sido factores importantes en que Africa siga como está”, dice el especialista en China Howard French.
Además de invertir en proyectos económicos, China ha condonado la deuda de varias naciones africanas y otorga créditos con bajo o ningún interés, compitiendo con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en sus programas de ayuda. Algunos críticos advierten, sin embargo, que los préstamos son un arma de doble filo y pueden dejar a la región más endeudada de lo que está. “Eso es porque la ayuda financiera es de millones, mientras que los préstamos son de miles de millones”, dice Joshua Eisenmann, del Concejo Estadounidense de Política Exterior.
En efecto, se calcula que China le ha perdonado a varios países africanos más de US$1.000 millones en deuda, pero ha otorgado créditos para el desarrollo de infraestructura por casi US$13.000 millones. Según Eisenmann, en muchos casos los contratos de infraestructura son ejecutados por compañías y personal chino, por lo que los fondos nunca llegan a manos africanas.
El capital chino no sólo está cambiando las economías sino también las sociedades de África. Cálculos conservadores hablan de decenas de miles de ciudadanos chinos trabajando en los nuevos proyectos de inversión. Aunque muchos de ellos se han expatriado en forma temporal y viven en ghettos construidos por sus empleadores chinos, un número indeterminado ha emigrado en busca de una nueva vida.
Cada año, a medida que China ejecuta sus planes de urbanización, 15 millones de habitantes rurales se ven obligados a abandonar sus parcelas y el gobierno de Pekín ha empezado a ver a África como un posible destino para reubicar a esos desplazados.
La masiva emigración china a África ha producido tensiones étnicas, en parte por el resentimiento de los trabajadores africanos que se ven privados de puestos de trabajo y en parte por un simple choque cultural. Los inmigrantes, no obstante, también han importado un pragmatismo para los negocios y una ética de trabajo benéficos para las economías locales.
Que dos de las potencias internacionales estén altamente interesadas en el destino de Africa sólo puede ser buena noticia, pero el enfoque de política exterior en ambos casos es muy distinto y tendrá consecuencias diferentes. Como dice el analista Howard French en un escrito reciente, habrá que ver cuál de los dos países está situado en el lado correcto de la historia.

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