martes, 22 de enero de 2008

Un beso desafía al Gran Hermano

Una pareja cuyos besos en una estación de tren fueron captadas por una cámara de vigilancia y acabaron en la Internet, ha provocado un debate en China sobre el uso generalizado del circuito cerrado en lugares públicos. Con el argumento de que las cámaras ayudan a prevenir delitos y perseguir criminales, el gobierno chino ha puesto en marcha un programa de vigilancia que para muchos más parece espionaje.

El video de tres minutos que fue a dar a YouTube y según medios chinos fue visto más de 15 mil veces en dos días, muestra a una pareja de jóvenes de unos 25 años besándose y abrazándose repetidamente antes de separarse. En la grabación, hecha en septiembre pasado, se escuchan comentarios y risas de los empleados del metro que presencian la escena, mientras que la lente se acerca y se aleja para captar mejor lo que ocurre.
Gracias a internautas que identificaron la estación del subterráneo fue posible establecer que el episodio ocurrió en Shanghai. Una vez identificada la estación, las voces en la grabación no dejaron duda sobre la identidad de los empleados involucrados en el caso.
La pareja ofendida ha anunciado que demandará a la administración del metro por invasión de privacidad, mientras que las directivas de la empresa garantizan que los culpables ya han sido sancionados. “Este no es un caso individual sino un fenómeno social. Espero que la gente se de cuenta de la importancia de proteger su privacidad”, dijo una de las víctimas, cuya identidad no ha sido divulgada.
En testimonios en la prensa local los novios han dicho que se sienten humillados públicamente por la divulgación del video. Al contrario de las sociedades occidentales en donde el contacto físico en público es normal, las manifestaciones de afecto en frente de otras personas son vistas en Oriente como falta de decoro.
El incidente puso de presente la inquietud de una parte de la población china que desconfía del propósito y del uso de la información recogida a través de los sistemas de vigilancia.
La idea de ser constantemente observado por los encargados de mantener el orden perturba en democracias como la inglesa y la italiana, por lo que no es difícil adivinar el malestar que produce en China en donde existe un riguroso control político de lo que está permitido y lo que no. “El Gran Hermano te está observando y si siente que no estás cumpliendo con las normas comunistas te denunciará en la Internet”, comenta un ciudadano anónimo, haciendo referencia al personaje del libro de George Orwell.
Bajo la mirada aprobatoria del gobierno central, en los últimos años cientos de miles de cámaras han sido instaladas en las principales ciudades chinas. Sólo en Pekín, que será la sede de los próximos Juegos Olímpicos en agosto, más de 265 mil cámaras han sido emplazadas en estaciones de metro, bancos, carreteras, elevadores, supermercados, hospitales, campus universitarios y hasta en el interior de los taxis.
Para contrarrestar la opinión negativa que genera la iniciativa de vigilancia, hace cerca de dos años las autoridades chinas establecieron multas de hasta US$4,000 para aquellos que utilicen las imágenes grabadas con fines distintos a los autorizados.
Aún así ha habido casos. Una conocida actriz china fue grabada mientras abrazaba a su novio en el corredor de un hotel y el video fue vendido a un diario de Hong Kong. En otra oportunidad, el rector de una escuela secundaria en Shanghai utilizó la grabación de una pareja de estudiantes besándose en un salón de clases, para humillarlos en frente de sus compañeros. La pareja demandó sin éxito a la escuela.
Más allá de captar a ciudadanos comunes en situaciones embarazosas, lo que la ciudadanía teme es la utilización de los sistemas de circuito cerrado para ejercer control sobre las actividades políticas de los individuos.
La observación de los ciudadanos ha alcanzado proporciones inquietantes en la ciudad de Shenzhen, en el sur de China, en donde la policía planea instalar 20 mil cámaras que serán guiadas por un programa de computador capaz de reconocer los rostros de personas sospechosas y de detectar actividades anormales. Las nuevas cámaras se sumarán a las 180.000 ya existentes en la ciudad industrial.
Los esfuerzos del gobierno chino por mantener control de su enorme población han llevado también a Pekín a la creación de un nuevo documento de identidad para los más de 150 millones de chinos que migran de un lado a otro del país en busca de empleo. La tarjeta dotada de una tecnología conocida como RFID contiene un chip con información específica del individuo y permite rastrear sus desplazamientos.
La iniciativa ha sido denunciada como un esfuerzo más del gobierno central de mantener a raya cualquier asomo de descontento entre la población, pero la verdad es que en esto de espiar a sus ciudadanos el Gran Hermano chino difícilmente está solo.
Según un estudio internacional de invasión de la privacidad divulgado el año pasado, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Suiza, Singapur y Malasia no se quedan atrás en el uso del circuito cerrado. En el otro extremo de la escala según el estudio, están Eslovenia, Grecia e Italia.

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