sábado, 8 de marzo de 2008

¡Ay hombe!

Vivir en un lugar en el que los referentes culturales cercanos son pocos, lo obliga a uno a apreciar lo que de otro modo seria invisible. Pero no puedo negar que las pocas veces en que estoy en un ambiente latinoamericano en Hong Kong, siento como si me pusiera un vestido que es exactamente de mi talla.
La última vez que me pasó fue anoche en el cine, viendo "El amor en los tiempos del cólera". Me daban ganas de decirle a la pareja de al lado que yo conocía a García Márquez, que había caminado por esas galerías de Cartagena y que la música de la película era de Shakira.
Cuando apareció Salvo Basile fue la apoteosis. Adrian (mi esposo) y yo queríamos hacerle señas desde nuestros asientos.
Nos quedamos a ver los créditos hasta que ya no había nadie más en el teatro y los acomodadores se empezaban a preguntar si hacíamos parte de la banda que piratea películas.
Creimos reconocer cada nombre que aparecía en la pantalla, hasta el del último asistente de utilería.
Cuando salimos al pasillo, estuvimos varios minutos parados en frente al afiche de promoción, hasta que ya no había una gota más de suramericanidad para absorber.
Decidimos que había que celebrar y enfilamos a nuestro restaurante favorito, en donde el mesero nos devolvió a la realidad con el plato del día: Lamb Rogan Josh, que en persa significa carne con mantequilla clarificada, cocinada a fuego muy alto. Era cordero al curry.
En el estado de ánimo en que estaba, habría preferido una mojarra, arroz con coco y plátano frito. Pero ya había tenido con qué alimentar la nostalgia esa noche, así que decidí que el cordero estaba bien para mí.

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