viernes, 11 de abril de 2008

Problemas de imagen

Los disturbios en el Tíbet y las protestas al paso de la Antorcha Olímpica por Europa y América han sido considerados un desastre de relaciones públicas para China, en el año en que el país esperaba que todo fuera celebración.
Pero jugar para el público local o para la comunidad internacional son cosas muy distintas, y el gobierno chino ha optado por reafirmar a sus constituyentes que no está dispuesto a tolerar disidencias, a pesar del daño que eso pueda producir en su imagen hacia el exterior.
Conversé con dos analistas para entender cuál es el mensaje que China quiere transmitir.

En el día en que el periódico oficial China Daily debería haber destacado los disturbios en París y las manifestaciones en San Francisco por el paso de la Antorcha Olímpica, el despliegue a cuatro columnas en la primera página de la publicación fue para las niñas liberadas por la policía en una granja de polígamos en Texas.
En materia de propaganda China ha regresado a los tiempos de la Revolución Cultural, en los que poner en evidencia las falencias de la civilización occidental y desprestigiar al enemigo -tal como se ha hecho con el Dalai Lama- son armas legítimas.
Es un retroceso que sirve al propósito de reafirmar ante la población china quién está en control. “A los líderes del país les preocupa parecer muy suaves y que otros grupos descontentos piensen que los límites se pueden transgredir. Una vez que todo se calme seguramente habrá una discusión sobre el manejo que se le dio a esta situación”, dice Anne-Marie Brady, académica de la Universidad de Canterbury en Nueva Zelanda, quien durante la última década ha estudiado la evolución de la propaganda oficial china.
La doctora Brady ha documentado cambios que comprueban que ha habido una modernización en la forma como China maneja su imagen y comunica sus mensajes, pero en la crisis de las últimas semanas parecería que el gobierno ha olvidado lo que aprendió.
“Muchos funcionarios del gobierno han tenido entrenamiento en diplomacia pública y en manejo de crisis, pero han preferido transmitir un mensaje chauvinista porque el objetivo último es mantener el poder político”, explica la académica.
Aún así, el deterioro de su imagen externa es motivo de preocupación y por eso las autoridades chinas planean contratar una firma de relaciones públicas que ayude a reparar el daño.
“No es la primera vez que China contrata a una firma de relaciones públicas. Yo he visto actuar a funcionarios oficiales en Pekín a los que se les nota que han recibido entrenamiento para hacer frente a los medios de comunicación, pero en este caso la utilidad de una empresa de ese tipo es limitada, porque cualquiera que sea su recomendación, el gobierno sólo hará lo que considera que debe hacer”, dice el consultor belga Fons Tuinstra, quien vive en Shangai desde hace más de una década.
En efecto, para contrarrestar la oleada de críticas a escasos cuatro meses de la inauguración de los Juegos, el gobierno central ha intensificado la difusión de propaganda apelando al sentimiento nacionalista del pueblo chino.
Si en los días posteriores a los disturbios de Lhasa la televisión estatal vacilaba en dar despliegue al tema, un mes más tarde la estrategia parece ser la contraria y se transmiten a diario documentales de 15 minutos con imágenes de la violencia en contra de la población de origen Han en la capital tibetana.
La crisis de imagen del último mes ha llevado a las autoridades ha implementar medidas inusuales, como la descentralización en la práctica de su aparato de censura.
La prensa china que usualmente somete su contenido a los censores oficiales antes de ser publicado, ha recibido la orden de competir en velocidad con los medios extranjeros, aunque eso signifique divulgar material que no ha sido oficialmente aprobado.
Con el acceso de la población china a medios extranjeros a través de la Internet, Pekín teme que su versión de lo que sucede alrededor de los Juegos Olímpicos les esté llegando tarde a sus ciudadanos, y acusa a la prensa internacional de parcialidad en el cubrimiento de las noticias.
Aparte de intentar controlar el daño producido por lo ocurrido en el último mes, el gobierno chino está trabajando en la prevención de nuevos disturbios.
Agencias de viajes en Hong Kong han denunciado que China suspendió el otorgamiento de visas de entrada múltiple para extranjeros y está concediendo visas de una o dos entradas con validez de tres meses.
La medida perjudica a muchos empresarios con oficinas en Hong Kong y fábricas en China continental, pero es una forma efectiva de controlar el ingreso de agitadores con intenciones de ir a Pekín.
Las autoridades locales ya han advertido que no tolerarán disturbios y han designados zonas especiales para que manifestantes puedan congregarse cuando la Antorcha Olímpica haga su paso por la isla el próximo 2 de mayo.
En Hong Kong, como ha sucedido en el Tíbet y en zonas de China con población tibetana, el mensaje está dirigido a garantizar al pueblo chino que la unidad del país se defenderá a toda costa, por mala que sea la imagen que eso produzca en el exterior.

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