jueves, 29 de mayo de 2008

Ricos de remate

Desde que escribí la nota al lado sobre la subasta en Hong Kong de un "importante" diamante, como lo llaman los especialistas, me quedé con ganas de ir a ver quiénes se disputaban la piedra de 101.27 kilates, la más grande de su especie que ha aparecido en un remate en las últimas dos décadas. El vendedor, una empresa europea, había pedido a Christie´s específicamente que la joya fuera subastada en Asia, en donde el crecimiento económico ha producido varios millonarios ansiosos por recuperar obras de arte oriental que están en manos de coleccionistas occidentales.
El de ayer era el penúltimo día de subastas y estaba reservado para el remate de más de 300 piezas entre collares, pendientes, tiaras y anillos, algunos de los cuales pertenecieron a familias reales de Europa. En los días anteriores Christie´s ya había subastado relojes, cerámica, piezas de jade y varias decenas de pinturas.
Coleccionar arte contemporáneo se ha vuelto el hobby predilecto de la gente acaudalada en China, que es más numerosa de lo que uno cree. Según la empresa Hurun, una especie de Forbes local, 800 chinos han amasado fortunas superiores a 100 millones de dólares. Quizás fue uno de esos multimillonarios el que compró el lunes esta pintura del artista chino Zeng Fanzhi por US$9,7 millones, transacción que batió el récord mundial de precios por un cuadro de ese tipo.
Además de lo que trajo para subastar, Christie´s mostró esta semana en Hong Kong varias pinturas del artista pop Andy Warhol, la más importante de las cuales era este retrato de Mao Tse Tung, un óleo sobre seda que mide más de cuatro metros y le pertenece a un coleccionista europeo que debe haber visto la oportunidad y ahora lo quiere vender.
Este “Mao” es uno de apenas cuatro retratos del dictador chino que Warhol hizo en tamaño monumental y el único que todavía está en manos privadas, porque los otros tres les pertenecen a museos en Nueva York, Chicago y Berlín.
Como hacer este blog me ha quitado la vergüenza, debo confesar que nunca le vi el chiste al arte de Andy Warhol y tampoco entendía por qué sus imágenes de latas de sopa o sus Marilyn Monroe repetidas son tan cotizadas.
Pero parada ahí frente a ese Mao extravagante, palabras como “magnífico” y “espléndido” me vinieron a la cabeza. Es cierto que el arte no hay que racionalizarlo sino sentirlo y ese Mao de Warhol por el que están pidiendo 120 millones de dólares me produjo muchas sensaciones.
En la sala al lado del “Mao” subastaron el diamante de los 101.27 kilates, tan grande como una pelota de golf, que Christie´s mandó montar en una tiara para que se apreciara mejor.


En el pasado yo había ido por curiosidad a subastas de cuadros y de tapetes y ésta no me pareció muy distinta. Las ofertas grandes vienen casi siempre de intermediarios que están al teléfono hablando con los posibles compradores. Sólo de vez en cuando, sobre todo cuando el objeto subastado vale miles y no millones de dólares, uno ve individuos que levantan la mano haciendo la subasta un poco más interesante.
En el auditorio hay un poco de cada cosa. Hay los que parecen entender todo lo que pasa y que pueden seguir sin problemas el ritmo apabullante de las transacciones, y después están los ignorantes como yo que están todo el tiempo con la cabeza metida en el catálogo, tratando de saber si están en la misma página que el subastador y mirando volar las ofertas sobre su cabeza como quien ve un partido de tenis en cámara rápida.
La venta del famoso diamante se produjo al final del día, rápida y sin mucha ceremonia. El comprador, cuyo nombre no fue revelado, pagó US$6,2 millones, un poco por encima del precio mínimo, pero menos de lo que se había anticipado.
Quién sabe si de aquí a un tiempo el diamante haga su debut en la cabeza o alrededor del cuello de alguna princesa de las páginas sociales.
Al fin y al cabo, ¿para qué querría alguien tener un diamante de 6 millones de dólares si no es para matar de envidia a los demás?

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