lunes, 16 de junio de 2008

El récord pre-olímpico de China

Batir todas las marcas es el objetivo del país anfitrión de los próximos Juegos Olímpicos, pero hay un récord que China ostenta y que cubre al país no de gloria sino de deshonra: el de ejecuciones judiciales. Ochenta por ciento de las penas de muerte en el mundo son aplicadas en China y se administran por 68 diferentes delitos que van desde crímenes violentos hasta ofensas como evasión de impuestos, fraude y contrabando de cigarrillos.
Esta mañana fui a una rueda de prensa organizada por la Coalición Mundial en Contra de la Pena de Muerte, un grupo no gubernamental que quiere aprovechar la realización de los Olímpicos para presionar al gobierno chino a que se debata la abolición de la pena capital.
No es un tema agradable y confieso que salí del evento con ánimo apesadumbrado, pero los miembros de la Coalición tienen razón en hablar del tema ahora que todos los reflectores están enfocados en China y existe la posibilidad de que Beijing se sienta obligado a mostrar síntomas de apertura democrática y transparencia.
El primer problema es la falta de cifras confiables.
El número de ejecuciones en China es considerado un secreto de Estado, por lo tanto todas las estadísticas son aproximadas. Aún así, una fundación en Estados Unidos que trata de rastrear los ajusticiamientos, calcula que el año pasado fueron ejecutadas 6,000 personas.
Es verdad que se trata de un país de 1,300 millones de habitantes, pero para tener una idea de lo que significa esa cifra, basta con saber que en los últimos 30 años la justicia norteamericana ha ejecutado a 1,105 individuos.
“La pena capital pretende defender a la comunidad de los criminales, por eso creemos que la opinión pública china tiene el derecho a saber cuánta gente es ejecutada en su nombre. Quizás si tuviera más información, el público podría decidir si ejecutar individuos es lo correcto”, me dijo Mark Allison, un investigador de Amnistía Internacional que hace parte de la Coalición.
Públicamente, el gobierno chino sostiene que la mayoría de la gente no aprobaría la abolición de la pena de muerte y que el recurso es aplicado sólo en los casos más extremos.
La verdad es que la ejecución se usa también como instrumento político para eliminar enemigos y para dar escarmiento público a individuos corruptos que han desprestigiado al gobierno. El caso que varios deben recordar, es el del jefe de la administración de drogas y alimentos, Zheng Xiaoyu, ajusticiado hace un año por haber permitido la venta de comida contaminada.
La pregunta es hasta qué punto el gobierno tiene razón al decir que la gente no aprobaría la abolición de la pena capital. ¿Es China una sociedad de “ojo por ojo” así vaya en contravía del resto del mundo en donde la tendencia es la abolición?
Las memorias de la Revolución Cultural en las que el pueblo se convirtió en juez y verdugo de los “contrarrevolucionarios” están aún frescas y existe el riesgo de que puesta a decidir, la opinión pública opte por la venganza ciega.
Un buen termómetro será el desenlace de las investigaciones sobre los inadecuados estándares de construcción de las escuelas en Sichuan, que ocasionaron la muerte de casi 10 mil estudiantes durante el terremoto de mayo. Por el momento, todo indica que la población quiere mano dura y eso es lo que ha prometido Wang Shengjun, el presidente de la Suprema Corte del Pueblo, que asumió el cargo hace tres meses.
La Coalición contra la Pena de Muerte sabe que la abolición en China no sucederá de la noche a la mañana y sugiere que se empiece por disminuir el número de delitos que merecen ese castigo. En algunos estados norteamericanos, por ejemplo, el único crimen que merece la pena de muerte es asesinar a un policía.
Para hacer justicia, sin embargo, hay que decir que China no es el único país en Asia en donde la pena de muerte es la norma. Hay otras 14 naciones que también la aplican, entre ellos Japón, Corea del Norte, Singapur y Vietnam.
"La pena de muerte es corrosiva para la sociedad y lo es no sólo para el individuo ejecutado sino para todos los que entran en contacto con ella como jueces, abogados, jurados y naturalmente los familiares", dijo esta mañana Speedy Rice, un abogado norteamericano que ha tenido varios condenados a muerte entre sus clientes.
Rice tiene todos los argumentos a favor de la abolición pero lo que en realidad me impresionó de este veterano abogado, fue sentir que el haber estado en contacto permanente con la muerte lo ha dejado no menos, sino más sensible a ella.

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