lunes, 2 de junio de 2008

La rubia con corazón de piedra

La última luminaria de Hollywood en caer en desgracia en China ha sido Sharon Stone, a quien la semana pasada se le ocurrió sugerir que el terremoto de Sichuan que ya contabiliza casi 80 mil muertos, fue causado por el mal karma que tienen los chinos.
Como es natural, la actriz ha sido crucificada en el ciberespacio chino y sus películas han desaparecido de los estantes de todas las tiendas de video. El dueño de un complejo de cines en China y Hong Kong la desterró para siempre de sus pantallas y la casa Dior, cuya imagen en el país asiático era la sexy rubia, ha escondido los avisos en que ella aparece y podría acabar rescindiendo la totalidad de su contrato.
Las disculpas de la actriz han sido en vano: 70% de los participantes en una encuesta en línea han dicho que nunca la van a perdonar y la propia agencia oficial Xinhua la declaró “enemiga de la humanidad”.
Un poco exagerado tal vez, pero ¿injustificado?
Odiar a los chinos se ha convertido en uno de los deportes favoritos en Occidente y ahora me arrepiento de no haber coleccionado todas las frases y escritos que han pasado por mis manos en los que se refleja el resentimiento y el racismo creciente que existe contra China, no sólo contra su gobierno sino también contra sus ciudadanos.
Hace un par de meses, por ejemplo, el comentarista estrella de CNN, Jack Cafferty, dijo sin pestañear que los chinos “siguen siendo los ladrones y los hampones de siempre”. Después se disculpó diciendo que no se refería al pueblo chino sino al gobierno, lo que acabó de ofender a todo el mundo.
Desde entonces, los directivos de la cadena se han excusado profusamente y es imposible no notar el abundante y lacrimoso cubrimiento que CNN ha hecho del terremoto en Sichuan.
El otro día también, un colega bloguero contó desconsolado como muchos de los comentarios que los lectores de El País de Madrid escribieron sobre las noticias del terremoto, parecían sugerir de alguna manera que la tragedia era merecida.
Para no hablar de una Iglesia bautista en Estados Unidos que se lamentó de que el terremoto no hubiera dejado más víctimas, para que con su muerte los “viles” chinos se pudieran redimir del ateismo.¿Hay racismo contra China? Yo estoy convencida de que sí.
China asusta por muchos motivos: por su tamaño, porque tiene el mayor banco de mano de obra barata que existe, porque no es una democracia, porque su increíble demanda por recursos crea problemas en el lado de la oferta, porque está ganando poder político sin que nadie sepa a ciencia cierta cómo lo piensa usar y también porque el gobierno es ateo.
El tema es que China ha sido una potencia 18 de los 20 siglos de nuestra era y los últimos 150 años han sido un paréntesis en su historia. Como es posible que el país vuelva a ser un superpoder, estoy convencida de que el prejuicio no va a ayudarnos a vivir con esa nueva realidad. En cambio, entender que “los chinos” son 1.300 millones de personas distintas y no clones robotizados gobernados por una maquina infernal, puede hasta cierto punto ser útil.
Yo pasé muchos años de mi vida creyendo que todo lo malo que le pasaba a mi país era culpa de la CIA. Yo sé, suena ridículo y me da vergüenza confesarlo ahora, pero cuando uno tiene prejuicios no se da cuenta del absurdo que representan.
Vivir en la parte más “occidentalizada” de China que los británicos colonizaron hasta hace 10 años, no me ha salvado de tener que soportar que los taxistas eructen cuando yo voy de pasajera, que la gente se me atraviese cuando voy a subir al metro, que escupan en mis pies, me empujen, me griten en el oído, se escarben hasta el último rincón de la boca en mi cara y se suenen sin pañuelo.
Pero me cuido mucho de no caer en el prejuicio y de no acusar a “todos” los chinos de ser maleducados por unos cuantos que exhiben comportamiento porcino.
Decir que los chinos tienen mal karma cuando están llorando 80 mil muertos es cruel y nadie debía permitirse ese pensamiento. N siquiera Sharon Stone que me cae bien, pero cometió el error de dejar que hablara por ella su corazón de piedra.

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