lunes, 30 de junio de 2008

Operación Dragón 2

Hace un mes me metí sola a un motel por culpa de Bruce Lee, en un episodio que documenté con suficientes detalles aquí, en este blog.
Hoy me metí con mis hijas a cine, también por culpa de Bruce Lee. ¿O es que acaso yo sabría de qué se trata el Kung Fu, si no hubiera sido porque crecí viendo las patadas voladoras y los puños destructores del Dragón en los teatros de barrio de Bogotá?
Esta tarde fuimos a ver Kung Fu Panda y nos encantó. Hollywood sabe cómo hacer sus trucos y por un par de horas nos hizo creer que un inofensivo oso puede convertirse en el más feroz de los guerreros orientales.
En todo caso, me pareció que sin decirlo la película es un homenaje a Bruce Lee y que no es accidental que llegue a los teatros a menos de un mes de que se cumplan 35 años de la muerte del ícono.
Es un aniversario más bien deprimente, por lo menos para Hong Kong, que no ha hecho otra cosa que lucrar con el nombre de Lee sin invertir un solo centavo en su memoria.
El jueves pasado se cerraron las ofertas para la venta de la única propiedad en la vida del Dragón que tiene algún valor histórico y que todavía está en pie: la casa del número 41 de la calle Cumberland.
Como las autoridades de Hong Kong no tienen alma sino únicamente bolsillos, todos los lugares en donde la estrella trabajó o vivió ya fueron demolidos y el terreno vendido al mejor postor.
Seguramente es lo mismo que pasará con esta propiedad, convertida hace algunos años en un triste motel y que su dueño, un millonario filántropo chino, está a punto de vender para donar su producido a las víctimas del terremoto de Sichuan.
La semana pasada, la familia de Bruce Lee le mandó una carta al gobernador de Hong Kong, pidiéndole que compre la casa y la convierta en un museo. Lo mismo han hecho varias veces los miembros del club de admiradores de la estrella, que hace tres años lograron recoger US$100 mil y erigir la única estatua del ídolo que hay en la ciudad.
El gobierno parece inconmovible, entre otras cosas porque los sectores más conservadores de la sociedad de Hong Kong creen que Bruce Lee no llevaba una vida respetable y no merece los honores que reclaman sus admiradores.
Como si alguien se hubiera puesto a examinar los pormenores de la vida de Elvis Presley antes de decidir abrir Graceland al público, la casa del cantante en Memphis que recibe más de 600 mil visitas al año.
En el caso de Bruce Lee, la propiedad de Cumberland Road no parece gran cosa, pero es el único recuerdo tangible de un ídolo cuyo legado ha hecho a mucha gente ganar montañas de dinero. Empezando por los productores de Kung Fu Panda, que tan solo en su primer fin de semana en exhibición en Estados Unidos recaudó 60 millones de dólares.

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