sábado, 5 de julio de 2008

Mientras tanto en las antípodas...

Estoy segura de que no soy la única colombiana –la única latinoamericana, en verdad- que ha derramado lágrimas los últimos días siguiendo la historia del rescate de Ingrid Betancourt y viendo maravillada como casi siete años de terror, humillaciones y vejámenes no lograron doblegar su espíritu.
Viéndola en París al lado del Presidente Sarkozy narrando su odisea en francés impecable y con una coherencia de pensamiento que muchos no tienen ni en sus mejores días, pensé en lo que el Dalai Lama repite hasta el cansancio pero que a mí siempre me parece difícil de practicar.
El líder espiritual del Tíbet insiste en que la realidad sólo lo afecta a uno en la medida en que uno lo permite y que así como hay personas incapaces de ser felices, hay otras que son dichosas en medio de la adversidad. El estado de la mente, dice su santidad, es tan importante como la realidad.
¿Cómo emerger de siete años en que a uno lo han encadenado por el cuello a los árboles, con el sentido de lo que uno es como persona intacto? Ver a Ingrid Betancourt compuesta y digna en todas las escenas y en todo los idiomas, me hizo pensar no sé por qué en otra mujer notable: Aung San Suu Kyi, la hija del hombre que negoció la liberación de Burma (hoy Myanmar) del dominio británico y quien ha vivido intermitentemente bajo arresto domiciliario desde hace 18 años. Su última etapa de detención ha durado seis años, casi el mismo tiempo que Betancourt estuvo secuestrada por las FARC
La Junta Militar que gobierna Myanmar le teme a Aung San Suu Kyi porque ella simboliza la libertad que el pueblo de ese país viene reclamando desde hace décadas.
Al igual que Ingrid Betancourt, quien no pudo ver morir a su padre ni crecer a sus hijos, Aung San Suu Kyi no fue a Estocolmo a recibir el Premio Nóbel de la Paz cuando se lo concedieron en 1991 ni vio a su esposo morir de cáncer en 1999.
Su cabaña en Myanmar fue severamente dañada en el ciclón que arrasó el país en mayo, pero la ausencia de corresponsales extranjeros, que están totalmente vetados por la Junta Militar, hace imposible saber en qué condiciones está la prisionera.
Su salud es frágil, pero estoy segura de que su espíritu, al igual que el de Ingrid Betancourt, no ha sido tocado.
Este post es mi pequeño homenaje a dos mujeres que podrán vivir en lugares opuestos del planeta, pero que a mí me parece que están muy cerca.

4 comentarios:

  1. La fortaleza que genera el complejo mesiánico supera cualquier adversidad.

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  2. No sé. Seis años son mucho tiempo. Yo no sé si me habría mantenido tan cuerda.

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  3. al oir y ver a Ingrid B. tambièn pensè en lo cuerda y lucida que esta. Es de admirar!!! y coincidencialmente tambièn me vino a la mente la imagen de la mujer de la que tu hablas.

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  4. ¿Tú también pensaste en ella? Qué extraño, pero no debe ser coincidencia.

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