martes, 29 de julio de 2008

Vivir sin aire

Me acuerdo que cuando era niña solía pensar que el planeta estaba a medio terminar porque aunque yo vivía en Bogotá, en donde el clima es moderado y seco todo el año, buena parte de la humanidad hacía su vida en medio de fríos extremos y calores abrasadores en lugares como el norte de Europa o como África, que en ese entonces a mí me parecían inhabitables.
Cuando crecí me dí cuenta de lo ridículo de la idea, pero padeciendo este verano en Hong Kong en el que las alternativas son ahogarse en la lluvia, derretirse bajo el sol o asfixiarse por la polución, me he empezado a preguntar seriamente a quién se le ocurrió que en este lugar podían vivir seres distintos a las serpientes y los zancudos.
La pregunta llega un poco tarde, pues como se sabe Hong Kong no es sólo una de las ciudades más exitosas de Asia sino también del mundo. Pero me pregunto qué estarán pensando los funcionarios del Comité Olímpico Internacional que designaron a ésta como la sede de las competencias ecuestres de los Juegos que empiezan la semana próxima en Beijing.
Las primeras delegaciones de equitadores y directivos que aterrizaron el domingo, se encontraron con un calor de 36 grados y con la contaminación más alta que se haya registrado en este territorio en los últimos 13 años. Según la prensa local, ese coctel climático causó la muerte ayer de una mujer de 52 años y envió a otras 1.400 personas al hospital.
Cuando todo el mundo estaba concentrado en los problemas de polución de Beijing cuya promesa de albergar unos “Olímpicos Verdes” parece cada vez más difícil de cumplir, la cara cenicienta de Hong Kong le tiró un nuevo baldado de agua fría a los organizadores de los Juegos.
Yo soy totalmente ignorante sobre particulas contaminantes o sobre la temperatura ideal para los establos equinos, pero sí sé que a veces, cuando no está cubierto por esa nube gris que vomitan las fábricas en China, Hong Kong puede ser el lugar más lindo del mundo.
Como en esta fotografía que tomé en octubre pasado en uno de esos raros días en que el viento soplaba del sur y yo me podría haber quedado horas mirando las aguas de Victoria Harbour, oyendo las sirenas de los vapores que pasaban con sus cascos oxidados:



En un arranque de masoquismo volví hoy al mismo lugar, consciente de que en vez de las aguas azules y románticas del mar de la China sobre un fondo de arquitectura modernista, vería una hilera deprimente de edificios grises, medio ocultos tras una nube tóxica:



La contaminación es parte integral de la vida de Hong Kong y está en los cálculos de quienes consideran venirse a vivir aquí, al igual que sucede en Ciudad de México o en Sao Paulo.
Rara vez pienso en los efectos sobre la salud que debe tener este aire enrarecido, pero conozco gente que vive torturada con la idea y nunca me olvidé de una noticia que leí en el periódico local hace como un año.
Hablaba del director de la Orquesta Sinfónica de la ciudad, un holandés cuyo salario de un millón de dólares sale de las arcas públicas, y a quien le armaron un escándalo por admitir que, cansado de la polución, había resuelto enviar a su esposa y a sus hijos a vivir a Estados Unidos.
Como no soy turista no me siento estafada por el aspecto de Hong Kong en días como hoy, pero creo que los visitantes tienen que hacer magia para que la fealdad de la contaminación no se note tanto en sus fotos.
Como contribuyente es otra historia y por eso me cuesta creer que lo único que le queda a uno es resignarse a que la destrucción del medio ambiente es el precio ineludible del crecimiento.

2 comentarios:

  1. Hola Adriana, disculpe la familiaridad pero así somos los colombianos.
    Encontré su blog gracias a la W de Julio Sánchez que la recomendó un día y de verdad es rico leer sus historias porque son de lo cotidiano siempre con la mirada de la periodista.
    Yo también me pregunté lo mismo en estos días porqué escogieron a esta ciudad para sede de lo Olímpicos con todos los problemas ambientales y más aún sociales que no se muestran, siempre pesa más los intereses económicos de las grandes potencias.
    Seguiré leyéndola, gracias

    ResponderEliminar
  2. Y en Hong Kong los intereses económicos son los que dicen la última palabra, no hay duda. Si no fuera así, no veríamos los proyectos de reclamación de tierra tan agresivos que se están adelantando.
    Gracias por el comentario.

    ResponderEliminar

Déjame un comentario