martes, 5 de agosto de 2008

Cuestión de apariencias

A tres días de la apertura de los Juegos Olímpicos de Beijing las tensiones van en aumento no sólo por amenazas ambientales como la lluvia y la contaminación, sino por peligros mucho más serios como la posibilidad de que se produzcan en la capital ataques terroristas como el sucedido ayer en Kashgar, en el lejano oeste chino, en donde 16 policías fueron asesinados y otros 16 resultaron heridos. El asalto con explosivos de fabricación casera provino, al parecer, de un grupo separatista musulmán que rechaza el dominio chino en esa zona de Asia Central.
Pero antes de ponerme sombría quería hablar de algo mucho más colorido: de los esfuerzos del gobierno chino para que el país transmita una imagen de civilidad y modernidad al medio millón de visitantes que ha empezado a inundar al gigante asiático este verano.
Es imposible vencer la tentación de reírse de tantas normas creadas a propósito de los Juegos y creo que pocos periodistas lo han logrado, pero más allá de que sea gracioso, es sintomático de la mentalidad del régimen chino para el cual lo importante no es que la realidad esté bien sino que “parezca” bien.
El New York Times contaba el otro día cómo en su afán por lo que llama “rectificar el ambiente olímpico”, a última hora las autoridades han mandado construir paredes de ladrillo para esconder vecindarios antiguos y deteriorados, así los visitantes se pueden llevar la impresión de que Beijing es una ciudad moderna y reluciente, digna de país del Primer Mundo.
Según el periódico, a pesar de apoyar la realización de los Olímpicos, los habitantes de esos barrios están resentidos de que el gobierno se avergüence de ellos. Y es que a juzgar por la que parece una inagotable lista de disposiciones expedidas en los últimos meses, Beijing se avergüenza tanto de sus ciudadanos que ha tenido que enseñarles desde qué comer (la carne de perro acaba de ser temporalmente prohibida) hasta cómo usar el cuchillo y el tenedor, pasando por reglas de etiqueta como no escupir, no gritar y no decir malas palabras.
Es tanta la obsesión por “pasteurizar” a su población, que a las autoridades les dio ahora por enseñarle cómo vestirse. No me refiero al uso de shorts minúsculos o camisetas ombligueras -que entre otras cosas son mal vistos en toda Asia por motivos religiosos y de natural decoro- sino a algo tan simple como combinar colores.
Un nuevo libro de etiqueta distribuido hace poco entre cuatro millones de pekineses, sugiere que a la hora de escoger la vestimenta no se usen más de tres grupos de colores y se ponga atención a detalles como usar medias oscuras y no blancas si la persona piensa ponerse zapatos de cuero negros.
El complejo del gobierno chino es tal, que quiere acabar inclusive con la que a mí me parece es una de las escenas más encantadoras que uno ve en Asia, y es a personas de edad caminando en pijama por la calle. Muchos viejitos –yo los he visto en China y en Japón- salen a la calle a dar pequeños paseos o a visitar a sus vecinos sin cambiarse la pijama y no me imagino qué estarán pensando de que el gobierno les diga ahora que eso no se ve bien.
Lo insólito no termina ahí: a los organizadores de los Juegos les preocupa cómo dan la mano las personas –tres segundos es la duración recomendada- y hasta cómo se paran en la calle. Los pies, dice el manual, deben estar ligeramente apartados o en forma de V o Y.
Yo celebro que los chinos estén recibiendo un curso de modales que a algunos realmente les hace falta y lamento que no lo hayan extendido a Hong Kong en donde eso de respetar la fila y no eructar en la cara de otro siguen siendo nociones medio lejanas, pero ¿qué tiene que ver el gobierno de un país con el color de la ropa que usan sus ciudadanos?
Beijing cree que mucho y ha declarado con orgullo que las campañas de etiqueta han mejorado la calidad de vida de los capitalinos y que ahora se ve más gente vestida de manera "adecuada y elegante".
Adecuada y elegante, según quién, me pregunto yo. ¿Según un burócrata gris y desaliñado que seguramente usó traje Mao la mitad de su vida?
Es verdad que mucha gente en Asia se viste de manera idiosincrática y que uno ve en la región combinaciones estéticas audaces como lo que estaban usando estas señoras surcoreanas que fotografié hace dos meses en Camboya.
Pero decidir quién está o no adecuadamente vestido no le corresponde a los funcionarios de ningún gobierno. Y, claro, mucho menos a los del mismo gobierno que hace una semana presentó los uniformes que lucirán sus deportistas en las ceremonias de entregas de medallas olímpicas y que se ven así:



Yo creo que al lado de esta combinación alguien con medias blancas y zapatos negros parecería divinamente vestido. En todo caso, los nuevos uniformes han sido recibidos con una cierta sorpresa por la comunidad de internet en China que es venenosa y no perdona nada y que naturalmente, ya les puso un nombre: "huevos revueltos con tomate".

1 comentario:

  1. SALUDOS DESDE LAS TIERRAS ESMERALDA... SI SE LE ENREDA UN MANGA POR AHI... JEJEJE
    POR AQUI CUROSEANDO EN TU BLOG DE VIAJE... MUY BIEN.... :)
    www.trejoscomics.blogspot.com

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