martes, 2 de septiembre de 2008

La Generación del Nido...y Starbucks

Hay Generación X y Generación Y. También hay la mezcla de ambas que se conoce, obvio, como Generación XY.
En China se habla ahora de la Generación del Nido, los nacidos en los 80 y los 90, que crecieron al tiempo con los esfuerzos de su país por organizar los Juegos Olímpicos. Lo de “Nido” tiene que ver con el apodo que se le dio al Estadio Nacional de Beijing, el que muchos ven como un gigantesco y metálico nido de pájaro.
Como tengo hijas nacidas en la segunda mitad de los 90, pienso con frecuencia cómo será el mundo que ellas tendrán que compartir con esta Generación del Nido. Más aún, pienso cómo será el mundo cuando la agenda internacional sea dictada no por el presidente norteamericano de turno como sucede ahora, sino por uno de los miembros de la Generación del Nido.
Según la agencia de noticias china Xinhua que hizo una encuesta sobre lo que piensa la Generación del Nido, los jóvenes chinos tienen confianza en sí mismos, aman la paz y se consideran patriotas, abiertos y amigables. También tratan de hablar otros idiomas, no discriminan entre las diferentes razas y dicen ser tolerantes de la cultura occidental. Eso sí: los jóvenes de la Generación del Nido creen que el mundo debe aprender y entender más de qué se trata China.
Pensando en eso, hace unos días entrevisté a la periodista y escritora india Pallavi Aiyar, quien acaba de publicar un libro en inglés cuyo título se traduciría Humo y Espejos: una experiencia de China.
Pallavi llegó a Beijing hace seis años con un empleo como profesora de periodismo en inglés para alumnos de la Universidad de Comunicación de China, la más prestigiosa y más cara del país en ese campo.
Más que estudiar deliberadamente a sus alumnos que hacen parte de la élite educada y urbana de China, la escritora compartió tiempo con ellos y logró entender qué los motiva y cómo se ven a sí mismos y a los demás.
Humo y Espejos ha sido muy elogiado en las últimas semanas no sólo por estar bien escrito sino porque ayuda a iluminar un tema que yo creo que tendrá profundas implicaciones en las vidas de nuestras Generaciones X, Y, XY, Z…

¿Cómo son los jóvenes chinos?
Naturalmente que depende de cada caso pero si tuviera que definirlos diría que son extremadamente consumistas y materialistas, muy enfocados en sus carreras –o sea en cuánto dinero van a ganar- pero también muy optimistas y convencidos de que les va a ir bien en la vida porque es a lo que tienen derecho.


¿Ser hijos únicos los ha afectado?
Sin duda, porque ellos no han tenido la experiencia de compartir con otra gente. Es pronto todavía para saber las repercusiones psicológicas a largo plazo de una generación que ha crecido sin hermanos, pero uno puede ver que es gente esencialmente egocéntrica que se siente el centro del universo y que no tiene un sentido de responsabilidad o de deber. O al menos ese no es el lenguaje que usan cuando hablan, sino que se refieren más bien a lo que quieren y merecen de la vida.

¿Están desinformados los jóvenes chinos?
Hay acceso a la información pero eso no quiere decir que ellos vayan a buscarla. Muchos medios de comunicación extranjeros están disponibles en Internet y no están bloqueados, pero tiene que pasar algo extraordinario para que los jóvenes chinos quieran buscar fuentes alternativas de información. Además, hay que recordar que apenas unos cuantos privilegiados pueden leer en inglés.
Cuando les conté a mis alumnos que yo había conocido al Dalai Lama me di cuenta de que muchos de ellos nunca se habían enterado de que él había ganado el Premio Nóbel de la Paz.


El mundo se sorprendió en marzo cuando a raíz de los incidentes en el Tíbet, los jóvenes chinos salieron a las calles a protestar a favor y no en contra del Gobierno. ¿Qué fue lo que pasó?
La gente afuera de China es ingenua. China es descrita a menudo como un lugar cuya población oprimida está esperando el momento de poder reaccionar contra el Gobierno, pero eso es absolutamente falso. Mis estudiantes, al menos, confían en el Gobierno y son muy optimistas porque sus vidas son mejores y tienen muchas más oportunidades de las que tuvieron sus padres. Los chinos hoy en día pueden hacer plata y comprar cosas y tienen la libertad de decidir si se quieren casar o no, si quieren hacerse la cirugía plástica o no. Además hay un sentido de orgullo. El nacionalismo es real. La juventud piensa que el Partido (Comunista) está ayudando a construir una China fuerte y la realización de los Olímpicos estuvo asociada a eso.

¿Algún día la juventud china podría rebelarse contra el Gobierno?
Esa población urbana y educada es la que más se ha beneficiado del crecimiento económico chino y su apoyo es muy importante para el Gobierno que trata de complacerla. Una de mis alumnas me dijo una vez que los chinos son inherentemente volátiles, pero yo creo más bien que el sistema los hace volátiles porque los trata como niños a los que no se les cuenta todo sino apenas lo que necesitan saber. Cuando esos “niños” se enfrentan a malas noticias no saben cómo reaccionar y pueden pasar de la total confianza en el Gobierno a la sospecha histérica, que fue lo que vimos con la epidemia del SARS en el 2003 y que podría volver a pasar.

¿El mundo debe temerle a China?
No debe. La diferencia entre mi libro y otros libros escritos con una perspectiva occidental es que el mío no es prescriptivo. Occidente no deja que China haga las cosas a su manera porque cree que la única manera correcta es la suya.
China tiene los problemas de abuso de derechos humanos, corrupción y deterioro del medio ambiente de cualquier país en desarrollo. La India también los tiene y es una democracia. Lo que pasa es que Occidente es ideológico con respecto a China y cualquier cosa que hace China está mal hecha porque el país no tiene una democracia multipartidista.


¿Y los jóvenes quieren democracia?
Yo ciertamente no creo que la mayoría de los jóvenes que viven en las ciudades quiera democracia. Si mañana hubiera democracia en China, serían los campesinos pobres los que estarían en el poder porque son la mayoría.
Además, los jóvenes están cansados de la ideología. El pragmatismo y enfocarse en hacer dinero los hace más felices. Hasta hace 20 años era imposible evitar la política, pero hoy en día el que sólo quiere ir a Starbucks y tomar su Moca Frappuccino tiene ese privilegio.

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