viernes, 31 de octubre de 2008

Los pandas... y el resto

Alguien se tomó el trabajo de recopilar fotografías para una presentación que anda dando vueltas por la red y que se puede ver oprimiendo aquí: ChinaPanda.pps
Son imágenes del rescate de los 63 osos pandas que vivían en la reserva de Wolong, a pocos kilómetros del epicentro del terremoto de Sichuan que mató más de 80 mil personas en mayo.
Cincuenta y tres de los pandas fueron transferidos a otros lugares y están en tan buenas condiciones que varios de ellos han dado a luz a un total de 14 oseznos en los últimos meses.
El gobierno de Hong Kong ha prometido donar 250 millones de dólares para ayudar a las víctimas del terremoto y más de la mitad de esos fondos será invertida en reconstruir las reservas de los Pandas.
Todo eso me lo sé, porque los Pandas en China no dan un paso sin que la prensa registre hasta el último detalle.
Y no hay duda de que son lindos. Hace años, en un pequeño zoológico en el norte de Tailandia, estuvimos tan cerca de una pareja de ellos que casi los podíamos tocar.


Son tan tiernos, como diríamos las señoras, que hasta parecen irreales. Y lo serían si el gobierno chino no estuviera comprometido en preservarlos, porque la verdad es que quedan apenas 250 en cautiverio y 1,600 en libertad.
El problema es que toda la atención, el dinero, la prensa y sobre todo la compasión que reciben los Pandas, les es negada a sus congéneres los osos tibetanos, también conocidos como osos negros o asiáticos. En inglés les dicen Moon Bear por la marca en forma de medialuna que tienen en el pecho.
Con el conocimiento y el consentimiento de los gobiernos de China y Vietnam, los osos tibetanos son capturados y confinados a vivir en jaulas el resto de sus vidas, para que les puedan extraer la bilis que los chinos, japoneses y coreanos consideran que tiene poderes medicinales.
Este es el aspecto que tiene una moderna “granja de osos” en China y como se ve, es todo muy tecnificado e higiénico:


Gracias a una inglesa menuda y eléctrica llamada Jill Robinson, quien desde hace una década decidió adoptar la causa de los osos tibetanos, el mundo se ha enterado de cómo operan las granjas cuya existencia es no sólo aprobada sino regulada por las autoridades.
Hace poco conversé con Jill, quien me describió cómo a los osos capturados les es abierto un orificio en el abdomen a través del cual la bilis drena permanentemente.
Ella cuenta que los granjeros que se dedican a esa actividad no ven la crueldad en su oficio. Para ellos es una forma de subsistencia como cualquier otra.
Además de llamar la atención del público en general, lo que Jill ha hecho es ir a las altas esferas del gobierno chino y convencer a los funcionarios de que le permitan rescatar osos de las granjas que operan en las peores condiciones.
Hace ocho años el gobierno accedió a concederle una cuota de 500 osos, de los cuales ella y su ONG Animals Asia ya han rescatado 247.
Lamentablemente, muchos de los osos han muerto poco después, como consecuencia del precario estado de salud en que los han encontrado.
Loable como es el trabajo de Jill Robinson, es una grano de arena frente a la magnitud del problema, porque se calcula que sólo en China debe haber entre siete y diez mil osos tibetanos viviendo en granjas.
No pretendo amargarle el buen rato a nadie, pero me pareció justo equilibrar la presentación de los tiernos Panda con estas fotos de los maltratados osos tibetanos. Así, al menos en lo que respecta a este blog, no hay osos de primera y segunda categoría:











2 comentarios:

  1. me place ver a una colombiana dejando el nombre del pais en alto; compartimos el ser extraños en un pais ajeno, las experiencias podras ser diferentes pero el amor a la tierra se hace mas fuerte al estar lejos de ella. cordial saludo
    www.urzola.com

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  2. Hola Carlos,

    Muchas gracias por tu comentario. La patria nunca se deja de extrañar, es verdad. Mientras tanto, yo trato de llevar un poco de Asia a quienes no han tenido la oportunidad de venir por aquí.

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