lunes, 6 de octubre de 2008

Vida de dueña de perro

Leí en el periódico local que la Corte Distrital de Hong Kong acaba de dictaminar que las mascotas son esenciales para la vida de las personas y por lo tanto todo el que quiera tener pescados, conejos, gatos o perros en esta ciudad, tiene derecho a hacerlo.
Palabras más o menos fue el argumento que me dieron en mi casa hace una semana para obligarme a aceptar al nuevo integrante de la familia: una bestia peluda de tres meses que ya vino bautizado como “Cooper”.
Acabé accediendo para no parecer una desalmada y una egoísta sin sentimientos, pero sobre todo por miedo al castigo cósmico que puede sobrevenir si no atiendo este llamado a convivir con un miembro de las especies inferiores.
Si como creen los hinduistas todos los seres reencarnan, Cooper bien podría ser un alma en proceso de evolución que paga su karma en el cuerpo de un perro. Y yo un alma en penitencia que paga el suyo tratando de que el perro haga sus necesidades lejos del tapete de la sala.
Decir que no sé nada de perros no alcanza a describir mi grado de ignorancia sobre el tema. Las dos primeras noches desde la llegada de Cooper las pasé en blanco, preguntándome si sus ronquidos y gruñidos serían normales, y saltando en mi cama cada vez que la criatura se daba vuelta en la suya.
He empezado a dormir mejor, pero ya me di cuenta de que tendré que decirle adiós al sueño profundo de quienes tienen la consciencia tranquila, porque este animal que ha invadido mi vida, se mueve y remueve por las noches como si tuviera pulgas o pesadillas, o ambas cosas.
A pesar de las noches mal dormidas y de que su presencia canina ha alterado mi rutina, acabado con mi concentración y reducido mi productividad a niveles patéticos, estoy dispuesta a pagar mi karma bien pagado y no sólo llevo a Cooper al baño cada dos horas, sino que lo saco a pasear tres veces al día.
En esas excursiones por el vecindario he empezado a hacer amigos: debe ser parte de ese plan cósmico que puso a Cooper en mi vida.
Una de mis nuevas amistades es Wilhem, un cantonés de 61 años que pasea al perro labrador más grande que he visto en mi vida y a quien le bastó una sola mirada para darse cuenta de mi excepcional desconocimiento en el tema mascotas.
Desde que me vio caminando con Cooper del otro lado de la calle el domingo pasado, Wilhem decidió adoptarme como alumna y cada vez que nos encontramos camina conmigo explicándome en su inglés a medias todo lo que hago mal. Dice que mis paseos son muy largos, que dejo a Cooper oler demasiados traseros y que no le aplico el remedio contra las pulgas donde corresponde.
Wilhem se conoce a todos los perros de los alrededores y a varios de sus dueños y no pierde oportunidad para hacerme saber su desaprobación por los que pasean a sus perros sin correa. "Nunca se le ocurra hacer eso", me advierte. Yo me río. Wilhem no se ha dado cuenta de que yo no paseo a Cooper sino que él me pasea a mí. Si lo dejara suelto, se iría y no volvería jamás.
Mientras yo hago amigos, la bestia peluda se dedica a hacer enemigos. Ya se peleó con un Akita de 70 kilos que según su dueño no mordía, y persiguió a una pareja de Salchichas, cuya dueña indignada me pedía cuentas con la mirada.
Cada vez más, los hongkonenses tienen pasión por sus mascotas y las malcrían como si fueran sus propios hijos. A mí me asombra, porque no muy lejos de aquí, en el sur de China continental, los perros y los gatos son vendidos en el mercado para abastecer a los restaurantes que los tienen entre sus especialidades.
Yo por mi parte pienso querer a mi perro y tratar de seguir encontrando el significado metafísico de su presencia en mi vida. Eso por lo menos me da consuelo cada vez que tengo correr a buscar un trapo para limpiar las huellas de su paso por este mundo.

10 comentarios:

  1. Me encanta, Aya. Soy fiel lector de tu blog, pero, por alguna razón que aún no comprendo muy bien cuál es, este texto me mató de la risa. Me fascinan tus escritos, hermanita. No comento nunca porque no comento en ningún blog que leo, no por principio religioso o algo así, sino porque no sé muy bien qué decir (hasta por Internet soy tímido), pero tengo que decirlo: me encanta tu blog y este texto me gustó mucho; además el perro está divino. Te quiero. Tu hermanito menor.

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  2. Gracias por comentar, S. y por leerme. Me alegra mucha que te haya gustado la entrada, porque el perrito es divino pero por ahora no propicia mucho la concentración necesaria para escribir.
    Te mando un beso.

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  3. Adriana, parece que al final tus niñas ganaron! Que bonito ( o bonita???)se ve Cooper! ya ves como te cambia la vida unas de esas cosas.
    Yo totalemente de acuerdo con tu hermano, me fascino el acontecimiento de la llegada de Cooper, trae buenos (si,si) recuerdos de la llegada de Cannelle.
    Sabiendo eso, entiendo que tienes menos tiempo...pero si quiero escucharte despues de leer te!
    Monique

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  4. Que si te cambia la vida? Nunca me imagine que tanto... Hablaremos pronto. Un beso.

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  5. Nuevamente mis felicitaciones cuñada. Seguro que mi hermano te conto que la suegra que nunca conocistes se resistió siempre a tener un can en casa. Nosotros tuvimos una y Goldie, quien fallecio en el otoño, ha dejado una feliz huella en nuestras vidas. Felicito a mis sobrinas y mi hermano por haber perseverado. Serás feliz con Cooper y él con ustedes. ¡Traiganlo para Navidad! Tu Cu Malcolm

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  6. Fabuloso que hayas ingresado al mundo de las mascotas! Como ex madre obsesivo-compulsivo-sobreprotectora de mi gatita sólo te puedo desear horas infinitas de diversión que siempre van a opacar las horas de perseguir a Cooper por la sala. Un animalito en la vida limpia la energía, te baja la presión arterial, regula tu ritmo cardiaco, te hace reir mas (y reir siempre es bueno) y quien quita que hasta te anime a acelerar el paso en los paseos a medida que sus zancadas sean mas grandes y termines trotando como ciertas personitas de la casa.... Le doy una gran bienvenida al nuevo miembro de la familia!

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  7. Querida Ginebra,

    Te invito cuando quieras a que vengas a ayudarme a entrenarlo. Espero genuinamente que Cooper me ayude a limpiar la energía, porque lo que es la casa no la está limpiando mucho. Yo diría más bien lo contrario.

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  8. Mi querido Cu,
    Gracias por compartir mi "alegría" por la llegada de Cooper. La verdad es que es un encanto. En cuanto a llevarlo, la cuarentena al regreso lo mataría. El gobierno de Hong Kong deja entrar sin problemas los perros que vienen de Inglaterra, Irlanda, Australia, Nueva Zelandia, Fiji y Hawai, pero a los que vienen de Latinoamérica los retiene por CUATRO meses. ¿Por qué me parece que hay un poco de discriminación?

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  9. Me parece fantástico que tengas un mentor que te enseñe como criar al nuevo miembro de la familia, ya que yo no estoy ahí...jajaja. Tenle un poco de paciencia porque mientras crece probablemente acabe con la casa, pero dentro de unos meses se va a calmar y será tu mejor compañia.
    Tu sobrina favorita

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  10. En realidad el que más me está ayudando es el propio Cooper, enseñándome todos los días que las cosas -en este caso los perros- no son como uno quiere, sino como son.

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