viernes, 12 de diciembre de 2008

Los trapos al sol

¿Qué sería de muchas ciudades asiáticas sin las escenas de edificios horrendos cuyas sucias fachadas están adornadas por camisas y calzoncillos secándose al sol?
La ropa colgada sin ningún pudor por fuera de la ventana es uno de los grandes encantos de Tokio o de Hong Kong, un encanto sin el cual estas y otras ciudades acabarían convertidas en lugares asépticos y sin personalidad como su prima Singapur, esa “Disneylandia con pena de muerte” como bien la describió un novelista norteamericano.
Lo pregunto porque el gobierno de Malasia, que quiere parecer moderno y elegante, ha resuelto que los trapos sucios deben no sólo lavarse sino secarse en casa y que la escena de sábanas volando al viento, danzando en improvisada coreografía con las medias y el ocasional sostén, no se compadece con el estatus que merece esa nación asiática.
Malasia, para los no iniciados, es un país en el sureste asiático cuyo símbolo más reconocible son las Torres Petronas, dos moles de acero y vidrio de 88 metros de altura que son una especie de metáfora de lo que la nación quiere ser. Personalmente no tengo nada en contra del hormigón ni el acero, pero no veo por qué eso tiene que pelear con costumbres milenarias como airear la ropa, lo que es no sólo natural, sino mucho más ecológico que tener las prendas dando vueltas durante horas dentro de una máquina.
Como es obvio, las amas de casa malayas están indignadas y han dicho que la prohibición de colgar los trapitos al sol sólo favorece a las familias ricas que tienen máquinas secadoras o empleadas que suban y bajen varias veces al día a las lavanderías comunales instaladas en los bajos de los edificios.
Aún así, el gobierno está inflexible y ha dicho que por ahora va a acudir a la buena voluntad de las lavanderas para que cumplan la norma, pero está dispuesto a aplicar multas a quienes afeen las ciudades con algo tan prosaico y de mal gusto como la ropa al viento.
Mientras eso no pasa en Hong Kong, yo seguiré disfrutando de las fachadas llenas de hollín de las que cuelgan camisetas raídas y calzoncillos agujereados, antes de que a algún funcionario se le ocurra decretar que nos vayamos todos a vivir a Disneylandia.

3 comentarios:

  1. Me parece muy bien tu artículo, pero justo con eso demuestras las variedades de formas de ser y hacer que existen de un país de Asia al otro. En España solo tendemos la ropa intima en los patios interiores, es decir lo que no da a la calle. El patio interior solo lo ven los vecinos de la manzana/cuadra. En los países del Norte de Europa carecen de la costumbre de colgar la ropa por las ventanas. Sera también el clima que molesta poner un sostén o unos calzoncillos a temperaturas que rozan los 0 grados. Lo dicho en Asia no todos son chinos (aunque son muchos). Unas felices fiestas!

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  2. Cuando escribía esta entrada trataba de acordarme de una canción de tu (cuasi)coterráneo Serrat, pero no pude. Ahora me acordé. Es la historia que habla de Irene, que "tiende sus trapos al sol,
    prestando
    misterios a la siesta
    de bragas comprometedoras
    y sábanas alcahuetas..."
    Me encanta que me escribas. Un beso a todos.

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  3. Pienso que la gente seca la ropa en las afueras de sus ventanas por que no les queda espacio dentro de sus apartamentos de tamaño caja de fósforo. Me imagino que esta es la razón principal ya que a quien le gustaría salir con ropa que huele a mil demonios? La polucion y la severidad de la humedad en Hong Kong producen los olores mas particulares.

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