martes, 6 de enero de 2009

La metamorfosis

Varias cosas nos esperaban en el apartamento cuando regresamos este fin de semana a Hong Kong: el frío del invierno, la nevera vacía, facturas atrasadas, tarjetas navideñas cargadas de nostalgia, un arrume de periódicos viejos, dos orquídeas a punto de desfallecer, un ultimátum de la compañía de gas y un regalo enviado desde Tokio por Miho Tsunoda, una japonesa adorable de quien tenemos la fortuna de ser amigos.
Exhausta luego de 28 horas de vuelo, decidí ignorar las seis maletas que trajimos de vuelta y que pedían a gritos ser desempacadas, y puse a un lado la montaña de sobres con cuentas que encontré sobre el escritorio. Me concentré en el regalo japonés.
La caja contenía lo que a simple vista parecía galletas wafer con formas decorativas, aunque en mi paupérrimo japonés me pareció leer que se trataba de “fu”, una especie de pan deshidratado a base de trigo que contiene muchas proteínas y se utiliza en la preparación de sopas. Uno de esos inventos culinarios que sólo los japoneses entienden.
Una tarjeta acompañaba la caja: “Felices Fiestas. Con cariño, Miho. Posdata: disfruten la sopa”.
Me quedé mirando la caja. Yo no veía sopa por ningún lado. Seguro que Miho se había equivocado y nos había enviado las galletas a nosotros y la sopa a alguien más. En todo caso, ¿a quién se le ocurría mandar sopa por correo y encima para Navidad?
Antes de cerrar la caja y ponerla en el gabinete de las golosinas, me dio por mirar el folleto que venía dentro de la caja. Los japoneses deben saber que nadie entiende su idioma endemoniado porque todos sus productos, desde los fideos hasta los automóviles, vienen con folletos y manuales llenos de dibujitos para que los entienda un niño de preescolar.
Esta no era la excepción y allí, en la página 3 del folleto, estaba el dibujito que develaba el misterio. Fuera lo que fuera lo que contenía la caja, había que ponerlo en un plato de sopa y rociarlo con agua (caliente, supuse yo).



Lo demás lo verán ustedes con sus propios ojos en esta secuencia fotográfica de dar envidia a la National Geographic:











¡Voilà! El humeante potaje de “fu” con vegetales me dejó estupefacta. Ni a Celia Cruz, que inmortalizó la sopa en botella, se le habría ocurrido que podría haber sopa dentro de una galleta wafer.
Ya voy por la segunda sopa de la caja y pienso pedirle a Miho que nos envíe una nueva ración. No tanto por el sabor, tan sutil que casi hay que imaginárselo, sino por la fascinante e inesperada metamorfosis culinaria.

3 comentarios:

  1. LOS JAPONESES......TODO TAN PRÁCTICO ME IMAGINO UN SANCOCHO O UNOS FRIJOLES ASI DENTRO DE LA WAFER HABRÁ QUE ENVIARLES LA RECETA HABER QUE SE INVENTAN

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  2. Entre la cajita no hay una de Ajiaco?
    Un beso.

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