domingo, 8 de marzo de 2009

Chino Dormilón

Lo bueno de tener un blog es que cuando uno no tiene ideas o tiempo para actualizarlo, puede recurrir al viejo truco de reproducir lo que los otros blogueros -los que sí trabajan- están haciendo.
Eso es exactamente lo que haré hoy, aprovechando un sitio que encontré hace poco y que no me canso de visitar.
Se llama Sleeping Chinese (yo lo traduciría Chino Dormilón) y es eso: una colección de fotografías de personas en China, a las que el sueño les pudo más.
En noviembre pasado escribí en este blog sobre el trabajo del fotógrafo Justin Guariglia, quien se ha dedicado a documentar magistralmente la costumbre china de salir a la calle en pijama.
En Sleeping Chinese es el holandés Bernd Hagemann quien ha emprendido la tarea de recopilar imágenes de los chinos durmiendo en las más extrañas posiciones y circunstancias.
El resultado es conmovedor y gracioso al mismo tiempo y me parece un retrato acertado de una sociedad que vive cansada.
Antes de vivir en Asia siempre sentí que dormir en público era algo vergonzoso y poco digno. Cada vez que me sucedía, me despertaba con la sensación de haberme expuesto inadvertidamente, de haber revelado una parte de mí que sólo le correspondía ver a mi familia.
El decoro se me pasó en Tokio, en donde es aceptable y hasta recomendable recuperar la energía haciendo una siesta entre estación y estación del subterráneo.
Quiero advertir que dormirse en una banca del metro es todo un arte. Yo lo aprendí copiando a los millones japoneses que viajan en los trenes todos los días y que no duermen sino que entran en una especie de estado de hibernación en el que no se mueven, no roncan, no les asoma saliva por las comisuras de la boca y hasta parece que no respiraran en absoluto.
El secreto es sentarse con la espalda recta, los brazos cruzados sobre el regazo aprisionando la cartera, la cabeza ligeramente inclinada hacia delante y los ojos cerrados.
Nada de dejar la cabeza bamboleándose como una pera de boxeo o acabar acostado en el hombro del vecino. Ronquidos ni pensar y mucho menos despertarse sobresaltado con el susto de haberse pasado de estación.
No señor. Los japoneses dejan el cuerpo deshabitado e inerte en el asiento del vagón y se sumergen en sus sueños para abrir mágicamente los ojos en el momento en que el tren se detiene en su destino.



En todo caso este post no es sobre japoneses sino sobre los chinos que duermen en las fotos del holandés Bernd Hagemann y éstas son algunas:






























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