lunes, 23 de marzo de 2009

La cuenta regresiva del Dalai Lama

En marzo de 1959 una airada multitud se aglomeró frente al Norbulingka, el Palacio de Verano de Lhasa, la capital tibetana.
Circulaban rumores de que las autoridades chinas, bajo instrucciones de Mao, planeaban secuestrar al monje Tenzin Gyatso, el venerado Dalai Lama, líder espiritual y político del territorio himalayo.
Lo que comenzó como una protesta espontánea acabo en masacre cuando el Ejército Popular de Liberación avanzó con tanques y morteros, aplastando a los rebeldes que se defendían con piedras y cuchillos.
Más de ochenta mil personas murieron entonces y unos días más tarde el Dalai Lama huyó por las montañas hacia Dharamsala, una pequeña ciudad en el norte de la India desde donde gobierna en el exilio.
Este mes se cumplieron cincuenta años de esos episodios y en el transcurso de ese medio siglo Tenzin Gyatso, hoy con 73 años, es mucho más que el jefe de los tibetanos: es uno de los faros espirituales de la aldea global.
Su hoja de vida es deslumbrante. El Dalai Lama es Premio Nóbel de la Paz, Doctor Honoris Causa de docenas de universidades, ciudadano emérito de varias capitales y ganador de medio centenar de reconocimientos humanitarios.
Es invitado frecuente de presidentes y reyes, su vida ha sido contada varias veces por Hollywood, sus eventos colman estadios de fútbol y uno de sus fan club en Facebook tiene más de 150 mil afiliados.
La historia del monje budista que ha puesto la causa de la remota estepa del Himalaya en los primeros lugares de la agenda internacional, es un relato de coraje y tenacidad.
Pero también es la crónica de un gran fracaso. Es que cada día que pasa las posibilidades de que el Tíbet recupere su autonomía son más remotas.
El afecto y el apoyo político que el Dalai Lama se ha dedicado a recaudar lo han convertido en una figura conocida, pero han cambiado muy poco la vida de los cinco millones de tibetanos que viven en la región del Tíbet y en otras cuatro provincias chinas.
Es fácil ver por qué el mensaje del Dalai Lama tiene un atractivo que durante medio siglo ha cautivado audiencias en Occidente, desde Beverly Hills hasta el Palacio del Eliseo.
En nuestras cabezas, el Tíbet es un lugar puro y auténtico, fuente de una religiosidad que muchos querríamos abrazar como alternativa al agotamiento de nuestro propios valores religiosos.
Sin embargo para China, el Tíbet es parte inalienable de su territorio. Es una región que, según su versión de la historia, vivió bajo un régimen feudal hasta mediados del siglo pasado y fue transformada por el Partido Comunista en una sociedad próspera, moderna e igualitaria.
Nada está más lejos de los cálculos del gobierno chino que ceder el control del Tíbet, porque para Beijing perder esa o cualquier otra parte de su territorio equivaldría a empezar a desmembrar el país.
China detesta la atención que los occidentales le dedican al Dalai Lama y desde hace años juega una sola carta: dilatar las negociaciones hasta que se produzca la muerte del líder tibetano.
Ni el propio Dalai Lama sabe cómo será sorteada su sucesión, pero sospecha que tras su muerte, privado de su orientación y su carisma, el movimiento a favor de la autonomía del Tíbet quedará reducido a ser uno más en la larga lista de conflictos territoriales sin resolver.
Quizás por eso el discurso que pronunció al cumplirse los cincuenta años de su exilio tenía un tono beligerante y amargo, raro en un pacifista de sus dimensiones, pero sintomático del que debe ser su actual estado de ánimo actual.
El tiempo juega en contra del Dalai Lama y a favor de China y sus dirigentes. Después de todo, los jerarcas comunistas saben que la ruta más corta al poder no consiste en ser querido o admirado, sino que vale más ser respetado y obedecido.

2 comentarios:

  1. Con este tema yo siempre digo SI y NO, si bien el Tibet, era una región feudal y esclava también de su lider espíritual, eran felices, y fue más lo que destruyó el "progreso". El desarrollo tiene 3 dimensiones, económica, social y ecológica, y China se ha centrado solamente en la económica, creo que sobra mencionar las toneladas de CO2, y la mínima proporción del presupuesto destinado a las provincias del oeste. Pero vuelvo a estar en otra posición cuando veo unos payasos de Hollywood hablando de la importancia del interior y haciendo viajes a la India para encontrar su Satori, Nirvana, lo que sea... Pero es que es muy rico decir que lo que importa es el interior cuando se vive en Beverly Hills tomando martinis, no? Parece que los individuos del mundo occidental quieren ser diferentes... haciendo lo que hace todo el mundo.

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  2. Yo pienso como tú. El tema del Tíbet no es blanco y negro como se cree muchas veces en Occidente.

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