sábado, 20 de junio de 2009

La nueva ficción del Mercader de la Muerte

A fines de este mes terminan en Bangkok las audiencias que definirán la extradición a Estados Unidos del ruso Viktor Bout, conocido como el “Mercader de la Muerte”, a quien la justicia norteamericana reclama por conspiración para vender armas a un grupo terrorista.
Bout fue capturado en marzo del año pasado en una operación encubierta, en la que agentes de la DEA se disfrazaron de guerrilleros de las Farc interesados en la compra de armamento.
Aunque Estados Unidos esperaba que la extradición de Bout fuera concedida por Tailandia en forma expedita, el proceso se ha arrastrado durante casi un año en el que los abogados defensores han conseguido repetidos aplazamientos.
Rusia ha salido en defensa de su ciudadano y el juez tailandés ha manejado el caso con parsimonia, consciente de que su decisión inevitablemente molestará a una de las dos potencias.
Según el periodista Douglas Farah, quizás el mayor especialista mundial en Bout y sus conexiones, el ruso ha hecho más que utilizar artificios legales para evitar ir a parar a una cárcel estadounidense. “Los rusos gastaron mucho dinero para tratar de liberarlo rápidamente pero no funcionó”, me dijo Farah, quien sigue el caso desde Washington.
Señalado como uno de los principales traficantes de armas del mundo, Bout ha sido acusado por la ONU de armar al exdictador liberiano Charles Taylor –juzgado en La Haya por crímenes contra la humanidad- así como a otros sangrientos regímenes africanos.
Más relevante para Colombia, de acuerdo con las investigaciones de Farah, entre 1998 y 1999 Viktor Bout arregló la entregó a las Farc de 10 mil fusiles que le urgían a la guerrilla para repeler una ofensiva militar.
Esta semana los abogados del “Mercader de la Muerte” agregaron una pieza de relaciones públicas a su estrategia de dilatar las audiencias con la publicación de una larguísima entrevista a la esposa de Viktor Bout en el periódico Bangkok Post, popular entre la élite bilingüe tailandesa.
En el reportaje, presentado como gran primicia, la esposa de Bout retrata las “terribles” circunstancias en que las autoridades mantienen a su marido en la prisión, sin acceso a periódicos ni teléfonos, con pocos libros y en compañía de asesinos. “No puede dormir y está muy nervioso”, se quejó la entrevistada.
Me pregunto si la señora Bout o el periodista acólito que presentó su versión sin ningún cuestionamiento, tendrán alguna idea de las condiciones en que la guerrilla mantiene a sus secuestrados. La peor prisión en Tailandia debe ser un hotel cinco estrellas al lado de la mejor cárcel guerrillera de Colombia.
En otro aparte, la señora Bout enumera las muchas cualidades humanas de su esposo. “Es aficionado a la poesía y la filosofía…Por encima de todo es un hombre de familia que comparte mucho tiempo con su hija”, sostiene.
Bout es buen padre, entonces. Quién lo diría. Tal vez podría ponerse a conversar con el Profesor Moncayo para que intercambien experiencias en materia de paternidad.
La forma como se está tratando de influenciar el caso creando una narrativamente totalmente distinta a la realidad es alevosa. Lo peor es que a juzgar por los comentarios de los lectores, una parte de la opinión pública compra la idea de que las acusaciones contra Bout son un montaje de los norteamericanos para castigar al gobierno ruso.
“Me pregunto si el gobierno tailandés hace esto para complacer al Tío Sam”, escribe un lector. “Qué historia tan interesante. Es bueno ver la otra cara de la noticia”, opina otro.
Ojalá que la reciente ofensiva de relaciones públicas no sea la antesala de una decisión que evite la extradición de Bout a Estados Unidos. La guerra en Colombia tiene muchos culpables pero como me dijo Douglas Farah, “es gente como Bout la que le ha dado oxígeno a las Farc para que puedan durar 45 años peleando”.

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