martes, 2 de junio de 2009

Veinte años de 6/4

La combinación de los números 6/4 pone nerviosas a las autoridades chinas, que cada vez que la ven aparecer en el ciberespacio se movilizan a bloquearla para evitar que alguien escriba o lea sobre ella.
¿Será feng shui o superstición? ¿Números que invocan la mala fortuna? ¿Una versión oriental de la cábala?
Nada de eso: 6/4 quiere decir Junio 4, la fecha en que en el año 1989, el ejército chino abrió fuego contra miles de estudiantes que encabezaban un movimiento a favor de la reforma política en la Plaza Tiananmen.
Esta semana se cumplen 20 años del episodio y los controles de las autoridades parecen estar más estrictos que nunca.
Según Amnistía Internacional, la persecución a activistas de derechos humanos se ha intensificado y grupos como la Asociación de Madres de Tiananmen, que exige un debate público sobre las circunstancias en que murieron sus hijos, están siendo víctimas de un acoso sistemático.
A pesar de ello, de una u otra manera siempre se cuelan en la red menciones a Tiananmen, como la que de manera no tan obvia aparece en esta foto:

La camiseta, que al parecer estaba a la venta a través de un blog en China, tiene la fecha de la masacre escrita en números romanos, una nomenclatura que los computadores encargados de patrullar la red no están programados para leer.
Lo destaco porque es uno de esos raros "goles" que se le han logrado meter a la máquina de la censura, pero la verdad es que la prosperidad y no tanto la represión, es lo que ha hecho que se disipe en China la utopía de la democracia. Las nuevas generaciones de chinos tienen escasa memoria de la matanza, entre otras cosas porque los textos de historia no hacen referencia a esos hechos. Aún los que están bien informados tienen otras prioridades y en lugar de elecciones quieren empleos con los cuales comprar computadores, iPhones y automóviles.
Al igual que los jóvenes en cualquier otro lugar, los chinos están más preocupados por su bienestar económico que por el futuro político de su país. El sistema de partido único les ha permitido prosperar y no tienen motivos para cambiarlo.
“Yo veo que mis estudiantes dudan de la propaganda del gobierno porque saben que no es equilibrada, pero son mucho más escépticos de la democracia al estilo Occidental de lo que eran los jóvenes hace veinte años. La democracia como modelo no los inspira”, me dijo hace un tiempo Daniel Bell, un académico canadiense que enseña teoría política en la Universidad Tsinghua de Beijing, una universidad preferida por la élite en China.
Bell dice que los jóvenes chinos no son tan materialistas y hedonistas como se los pinta y que no son totalmente apolíticos sino que sienten una especie de misión moral, heredada del Confucianismo, de proteger al sistema.
Yo no sé cuánta razón tiene el profesor Bell, pero los que me inquietan no son los jóvenes materialistas-confucionistas sino los que están simple y llanamente confundidos.
En China hay un nombre para ellos: se les conoce como Fenqing, o jóvenes furiosos. Son personajes ultranacionalistas con cierta superioridad racial, que desconfían de todo lo que viene del exterior y tienen propensión a creer que la solución militar es la mejor vía para resolver los conflictos.
Un libro publicado hace un par de meses por cinco Fenqing, según el cual China está infeliz porque el mundo no le da la importancia que se merece, ha vendido muy bien y ha hecho proliferar foros insuflados de patriotismo en blogs y sitios web de todo el país.
Es posible que los nacionalistas sean más ruidosos que los moderados y por eso transmitan una idea distorsionada de lo que en realidad piensa la juventud china actual. Ojalá sea así.
China fue un país pobre y aislado durante la mayor parte del último siglo –los chinos lo llaman el siglo de la humillación- y sólo hasta ahora está recuperando su supremacía económica y geopolítica.
Sería preocupante que quienes van a gobernar a la futura potencia lo hagan basados en sus prejuicios y su intolerancia. Ya es suficiente con que no los inspire la democracia.

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