martes, 18 de agosto de 2009

La morada del Dragón

Sé muy poco de artes marciales y mis conocimientos de Kung Fu son miserables, pero tengo que confesar que tengo una debilidad inexplicable por Bruce Lee. Debe ser todo ese cine barato que vi con mi hermana en la pubertad, cuando nos escapábamos al barrio de al lado y comprábamos boletas para entrar a la película que estuviera en cartelera, sin siquiera mirar el título.
Más que felices e indocumentadas éramos desprogramadas y como dirían en inglés no-supervisadas, es decir que los adultos que eran responsables por nosotras no tenían ni idea de en qué andábamos.
Esa oportunidad la aprovechó Bruce Lee para poblar mi imaginación con sus patadas voladoras, sus movimientos sobrenaturales y su perfección felina.
Entre película y película de Bruce Lee a veces nos tocaban unos Spaghetti Westerns de hacer sonrojar a Los Tres Chiflados, lo cual no hacía sino aumentar mi ya para entonces ilimitada admiración por el Dragón.
Esta irrelevante historia viene al caso porque por fin el gobierno de Hong Kong paró durante cinco minutos de pensar en cómo hacer más plata y ha mostrado interés en conservar uno de los pocos lugares que guardan la memoria de Bruce Lee.


El lugar es una casa localizada en el número 41 de la calle Cumberland en la zona de Kowloon y como lo conté hace ya un tiempo en esta crónica, no es precisamente un templo de artes marciales, a pesar de haber sido la última morada del legandario maestro de Kung Fu.
Luego de más de un año en que los fans y hasta la propia hija de la estrella hicieron lobby para que el gobierno rescatara la casa, la Comisión de Turismo se decidió y está convocando a todos los que tengan una buena idea de qué hacer con la propiedad, a que la expresen a través de un concurso.
Las bases de la competencia que pagará unos 6 mil dólares al ganador están explicadas en este sitio web y el plazo para concursar vence en octubre.
Si todo sale bien, la casa que en este momento le pertenece a un octogenario millonario chino, será donada para que se convierta en el museo con el que todos los aficionados a las artes marciales sueñan.
Pueda ser. Hong Kong no tiene muchos hijos ilustres y sería una tristeza que la memoria del más ilustre de todos, se diluya sin pena ni gloria.

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