miércoles, 2 de septiembre de 2009

Dime con qué bolsa andas...

Hace algunas semanas cuando estaba en Bogotá un amigo –o amiga, porque no me he podido acordar quién fue- me hizo notar que además de la cartera con mis efectos personales, yo siempre salía a la calle con un talego de papel o de tela que alguna vez me habían dado en un almacén.
El comentario me incomodó porque sentí que contenía una dosis de crítica, como si eso de salir con una bolsita no fuera suficientemente glamoroso y me hiciera parecerme al Doctor Chapatín, el personaje mexicano del que otros dinosaurios como yo seguramente se acordarán.
Mi reivindicación llego la semana pasada cuando leyendo este artículo del New York Times, entendí de dónde había sacado yo el vicio de salir a la calle con mi bolsita. Es que en Tokio, en donde viví cuatro años, todas las mujeres andan por ahí con la cartera en el hombro y una inefable bolsa de papel en la mano.
Y cuando digo todas, me refiero a TODAS: las de pantalones de dril, las de shorcitos de jean, las de abrigo Chanel y hasta las de minifalda Moschino, que exhiben sin pudor la flaquísima blancura de sus piernas.
La bolsita tiene una justificación: en una ciudad grande en donde el transporte público es la norma, hay que salir preparado para todo. Las cosas básicas como billetera, llaves, pañuelitos y gafas se llevan en la cartera. Todo lo demás: el paraguas por si llueve, el chal por si hace frío, la mini-toalla para secarse el sudor, la botella de agua, la libreta de notas, la cámara de fotos, el iPod para los trayectos largos, el maquillaje para retocarse a mitad del día, la ropa para ir al gimnasio, las compras del día y demás misceláneos, se cargan en la bolsa de papel.
Lo que yo no había entendido pero me lo explicó el New York Times, es que además de su uso práctico el talego cumple una función estética que explica de manera elocuente el estilo de quien lo carga.
Así como en las carteras, en las bolsas de papel -me vine a enterar- también hay categorías. Las más apetecidas son las de Prada, Marc Jacobs, Louis Vuitton y una marca popular entre las jovencitas japonesas llamada Cecil McBee.
No siempre es necesario comprar en los almacenes caros para hacerse al preciado objeto: para eso ya existe en Internet un activo mercado de bolsas de segunda mano, que se negocian por el equivalente a 10 o 20 dólares dependiendo de su categoría.
Eso sí, es importante cuidarlas planchándolas después de cada uso, preferiblemente por el revés para evitar que se les borre el logo.
Una vez conseguido el accesorio, el secreto es saber usarlo. Las bolsas menos elegantes se destinan al día a día. Las más cotizadas para el fin de semana y los encuentros con el novio.
El artículo del New York Times me dejó intranquila. Agradecí que me hubiera explicado de dónde venía mi afición por el talego, pero me deprimió que pusiera en evidencia mi falta de estilo en el tema.
Corrí a mi cuarto y de inmediato puse en la basura la bolsa de tela negra que venía usando desde hace meses y que me gustaba porque era grande y no se arrugaba.
Luego abrí mi closet y exploré en detalle qué otras alternativas tenía. Esto fue lo que encontré:





Traté de imaginarme saliendo a la calle todos los días con un logotipo colgado de mi mano, pero me costó trabajo.
Eso no es para mí.
Algunas japonesas podrán hacerle propaganda gratis a los señores costureros porque con ello se sienten lindas y exclusivas.
Yo por mi parte pienso volver a mi viejo talego negro que no pasa de moda por la sencilla razón de que nunca lo estuvo.

5 comentarios:

  1. Bueno, tienes razón al decir que esas bolsitas son simple propaganda a las mas lujosas marcas, yo no concibo ver cómo se popularizarían acá en Colombia y tras del hecho las chiviaran. ¡Por Dios, ojalá esa moda ni se acerque a estas tierras!.
    por eso, apoyo entonces -ya que tienes la costumbre- que uses la bolsita negra X.

    Saludos!

    Pd. Perdòname por la ingratitud, hace mucho no pasaba por acá.

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  2. me ha encantado el articulo de las bolsas.Aqui en Barcelona tambien la gente empieza a salir con ellas. Yo como marido de aleman que soy intento llevar una de tal reciclable!

    Suerte que ya dejamos Japon, ya sabes que lo que no he echado de menos son los terremotos, en ningun momento!

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  3. Gracias por pasar otra vez. Me estaban haciendo falta tus comentarios.

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  4. Ja! es verdad!!! en japon daba pena tirar esas bolsas, que calidad!!! yo nunca las use por la marca pero si por la resistencia...recuerdas las "mudanzas" a las ferias latinoamericanas en el SEISEN???? como prescindir de esas bolsas...jajajaja. Aca, en casa...tengo un cajon donde las amontono y siempre me sacan de apuro. Pero debo admitir que mi tendencia es a agrandar la cartera y romperme la espalda...jajaja Paz

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  5. A mi la bolsa me es muy {util pata utilizarla como lonchera y llevar el consabido mecato a la oficina, para salir del paso a media mañana y sobretodo para ciudarme la hipoglisemia.

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