miércoles, 9 de septiembre de 2009

La era del linchamiento digital

Primer Caso: una enfermera de la provincia china de Heilongjiang es despedida de su empleo y repudiada a nivel nacional, luego de que sube a la Internet un video que muestra cómo masacra a un gato callejero con la punta de sus tacones.
Segundo Caso: un hombre y su amante, que trabajan en la misma empresa, se ven obligados a renunciar a sus trabajos después de que la esposa engañada se suicida, dejando escrito en un blog el testimonio de su vía crucis.
Tercer Caso: el secretario de la oficina de asuntos marítimos de la ciudad de Shenzhen es destituido cuando un video que lo muestra acosando a una niña de 11 años, es divulgado en un portal de Internet.
Cuarto Caso: Un funcionario del catastro de la ciudad de Nanjing es despedido de su trabajo una semana después de que aparecen en la red fotografías que lo muestran usando un costoso reloj y fumando cigarrillos caros.
Quinto Caso: un campesino se salva por poco de ir a prisión, cuando cibernautas prueban que una fotografía de su autoría en la que supuestamente aparece un tigre extinto hace dos décadas, no es otra cosa que un montaje.
Los protagonistas de todas estas historias ocurridas a lo largo del último año y medio, tienen algo en común: han sido blanco de lo que en China se conoce como una “búsqueda de carne humana”.
Haciendo uso de Google y de otras herramientas de búsqueda locales, miles de cibernautas chinos se unen para desenterrar y exponer al público la vida privada de ciudadanos comunes y empleados oficiales a los que consideran inmorales o que están por fuera de la ley.
La cruzada de los “buscadores de carne humana” empieza en el mundo virtual pero se traslada a la vida real de los señalados, quienes son sometidos a una violenta campaña de desprestigio. El hostigamiento incluye graffitis amenazantes en las casas y llamadas a los lugares de trabajo de las víctimas, la mayoría de las cuales acaba renunciando o siendo despedidas ante la insoportable presión.
Los buscadores de carne humana no son un grupo homogéneo, ni tienen identidad definida o afiliación conocida. Se encuentran en los tableros de mensajes y salones de chats de los sitios de alto tráfico en Internet y combinan sus habilidades tecnológicas para rastrear la identidad real de quienes consideran villanos.
La enfermera que mató al gato en Heilongjiang, por ejemplo, fue identificada por las imágenes de fondo del video y porque había comprado los zapatos asesinos en eBay. El burócrata de Shenzhen cuyo acoso a una menor fue registrado por la cámara de un restaurante, fue reconocido y destituido en cuestión de días.
Al gobierno chino no le hacen gracia los buscadores de carne humana porque percibe el peligro que hay detrás del fenómeno. Tampoco está claro lo que piensa el grueso de la opinión pública, que sabe que un día de estos puede acabar siendo víctima del linchamiento digital.
La idea de que grupos de vigilantes patrullan la red a la caza de quienes infringen normas no escritas de moralidad y rectitud es asustadora, pero dice mucho de la China de hoy en día y es una lección para otras sociedades.
La Internet le esta dando voz a esa parte de la población –en China ya hay 300 millones de internautas- que desconfía de la justicia que provee el Partido Comunista y se rebela ante la falta de rendición de cuentas de los funcionarios públicos.
Es un mecanismo espontáneo de definición de valores y de regulación de la sociedad, que pretende remplazar a instituciones que claramente no cumplen su papel.
He ahí la lección para políticos, jueces y burócratas en todo el mundo: la Internet está cambiando las reglas de juego entre gobernantes y gobernados y a menos que haya mecanismos más ágiles y transparentes para atender las aspiraciones de justicia de la población, seguiremos a merced del linchamiento digital.

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