sábado, 8 de octubre de 2011

Más es menos

Nueva York
Hace poco salí por primera vez a hacer mercado en esta ciudad y lo que debió ser una tarea de unos cuantos minutos, se convirtió en un tortuoso ejercicio que me tomó casi dos horas. Lenta y laboriosamente recorrí el supermercado tratando de decidir entre hileras y más hileras de productos que a mí me parecían idénticos pero que según los fabricantes no lo son, porque contienen cantidades de sodio, grasa, fructosa, gluten, lactosa y decenas de otros ingredientes, sabores y colores que, supuestamente, los diferencian.

El momento de parálisis total sobrevino cuando me acerqué a la gondola de jugo de naranja, que no sólo contenía una cantidad ridícula de marcas distintas, sino también de variedades. Había jugo puro, concentrado, con mucha pulpa, con poca pulpa, sin nada de pulpa, con calcio, con vitamina C, con varias vitaminas a la vez, con naranjas de Valencia, de Brasil, de la Florida. También había jugo que no era jugo, pero que de cierta manera lo era porque tenía muchas de sus mismas propiedades. (¿?)

Parece apenas una anécdota, pero no lo es. Decidir lo que uno quiere y disponer de cada vez más alternativas para elegir, es uno de los pilares sobre los cuales está construida la sociedad norteamericana. Tener el control de las propias decisiones es la esencia de la libertad y sin ese ingrediente, la democracia es impensable.

El imperativo de decidir y la complejidad de hacerlo, es lo que se dedica a estudiar la investigadora indio-norteamericana Sheena Iyengar, cuyo libro “El Arte de Escoger” me llegó a las manos hace poco y me ayudó a entender las implicaciones del tema, más allá de la góndola del supermercado.

En sus experimentos, Iyengar ha comparado el desempeño de grupos de estadounidenses al de individuos de origen asiático y ha encontrado que mientras los primeros se destacan cuando están en control de sus decisiones, los segundos están más cómodos con las resoluciones tomadas por alguien que tiene mayor jerarquía o que representa los intereses del grupo al que pertenecen.

El poder de definir la propia vida, de ser exactamente lo que cada cual quiere ser, es una motivación tan poderosa para los norteamericanos que quizás por eso les cuesta entender que no es lo mismo para todo el mundo. “Ellos hacen elecciones desde tan temprano en sus vidas, que están convencidos de que todo el mundo nace con la misma habilidad”, observa Iyengar.

Aunque el libro no se mete en temas tan agudos, uno podría extrapolar y sugerir que como varios años de enfrentamientos en Iraq y Afganistán lo han demostrado, exportar soldados no es lo mismo que exportar valores, por lo que entender la perspectiva desde la cual los otros toman sus decisiones, haría la política exterior norteamericana más simpática y quién sabe si más exitosa también.

Así como la libertad de escoger no es una receta para prescribir a todo el mundo, la obsesión por ofrecer cada vez más alternativas se ha convertido en una dolencia que tampoco le sirve a la sociedad norteamericana.

Uno de los experimentos más famosos de la doctora Iyengar, en el que un grupo de individuos tenía que elegir entre 24 sabores diferentes de mermelada, mostró que cuantas más alternativas disponibles, mayor es la indecision y la parálisis. Y claro: cuando hay tantas opciones posibles, uno nunca podrá sentir que realmente eligió la mejor.

En un país en donde el supermercado promedio ofrece 49 mil artículos y para escoger un libro en Internet hay que enfrentarse a una selección de 27 millones de títulos, el proceso de decidir no es liberador, sino frustrante y opresivo. La superabundancia y la necesidad de tener todo al alcance, ha acabado por esclavizar al país que tan obsesivamente persigue la libertad, creando una paradoja en la que más es definitivamente menos.

3 comentarios:

  1. Muy buen blog, muy buena información e interesante.

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  2. Estuviste bien en A vivir que son dos dìas... "medio mamerta" dijo Diana Montoya al final de la entrevista 20 nov 2011

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  3. Muy importante darse uno cuenta como se le complica la vida a uno cuando uno tiene mas opciones, y de tanto escoger a lo pero se va.

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