viernes, 2 de diciembre de 2011

El águila y el dragón

El tema que nos mantuvo en vilo esta semana fue la tan esperada aprobación por el Congreso norteamericano del Tratado de Libre Comercio con tres naciones, entre ellas Colombia. Como muchos otros compatriotas, creo que el tratado es positivo no solo por sus aspectos prácticos, sino por el simbolismo que tiene. Al fin y al cabo, para que exista una relación comercial estrecha tiene que haber una buena dosis de confianza y no está mal que Estados Unidos haga demostración pública de que la tiene en nosotros.
Evacuado el tema del TLC, los democratas y republicanos siguen teniendo mucha tarea por hacer, la más importante encontrar la forma de disminuir los gastos gubernamentales, para empezar a resolver el desequilibrio presupuestal de este país. Nadie se opone a la idea de poner la casa en orden. Pero en su afán de echar tijera los parlamentarios, especialmente los de extrema derecha, están proponiendo recortes en la ayuda externa que tendrán consecuencias funestas en lo humanitario y también en lo diplomático.
Estados Unidos es el mayor benefactor a nivel mundial. Tan solo el año pasado donó 30 mil millones de dólares para programas de educación, salud, infraestructura y varias otras áreas. Es más del doble de lo que donaron Inglaterra, Francia, Alemania y Japón, ninguno de los cuales tiene los problemas fiscales que aquejan a los norteamericanos.
Si la propuesta que defienden los republicanos en la Cámara se abre paso, hasta un 20 por ciento de esos fondos desaparecería y miles de proyectos cruciales para los países pobres, como purificacion de agua o lucha contra la mortalidad infantil, tendrán que ser desactivados. El efecto se sentirá también en Colombia, el mayor recipiente de ayuda norteamericana en América Latina. ¿Se justifica un resultado tan indeseable cuando la ayuda externa se lleva apenas un 1 por ciento de todo el presupuesto? La respuesta es obvia.
Pero más allá de las consecuencias humanitarias que un grupo importante de ONGs ya ha empezado a denunciar, la propuesta de reducir drásticamente la ayuda externa norteamericana, demuestra una inmensa miopia por parte del Congreso.
La asistencia a otros países es una inversion en seguridad a largo plazo y no puede ser percibida como un gasto discrecional. Darle la espalda a los otros países no va a ayudar a cerrar el hueco en las finanzas públicas de Estados Unidos, pero sí va a disminuir su ya menguado liderazgo internacional.
La Secretaria de Estado, Hillary Clinton, que asumió el cargo con el objetivo de potenciar el estatus y la influencia de su país, lo dijo esta semana claramente: “Espero que la gente entienda que si bien tenemos que arreglar nuestros problemas domésticos, no podemos abdicar nuestro liderazgo sin que a la larga eso se vuelva contra nosotros”.
Apelar a “la gente”, sin embargo, no parece tampoco muy promisorio. El público general no sólo está desinformado -uno de cada cinco norteamericanos cree equivocadamente que un tercio del presupuesto se va en ayuda externa- sino que exige que la caridad empiece por casa.
Mientras el águila disminuye de tamaño, dragones y otras especies siguen ganando espacio. Por primera vez este año, China publicó un documentó en el que define su política de ayuda externa y revela que en el período entre el 2004 y el 2009, su presupuesto de asistencia a otros países aumentó en 30 por ciento.
Al lado de las norteamericanas, las contribuciones chinas siguen siendo mínimas, pero la tendencia no deja de ser importante, sobre todo, porque según las cifras oficiales, un total de 161 países recibió algún tipo de ayuda.
A China le sobran los fondos, me dirán algunos, pero es una cuestión de prioridades, más que de dinero. En las próximas semanas sabremos dónde tienen las suyas los legisladores norteamericanos.

1 comentario:

  1. Que interesante Post, tengo entendido que los aportes e inversiones de China a los países africanos con más del doble de la unión Europea, siendo estos últimos los que la han explotado.
    También tengo un sitio web, www.china-holic.com

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