lunes, 2 de abril de 2012

Ética App-licada

Según contó hace algunas semanas el periódico The New York Times, en una cena el año pasado del Presidente Obama con la crema y nata de Sillicon Valley, el mandatario le preguntó a Steve Jobs, el fundador de Apple, qué se necesitaba para que los empleos manufactureros que se habían ido a China volvieran a Estados Unidos. “Esos empleos nunca van a volver”, le contestó brutalmente el creador de los iPhones, iPads, MacBooks y otros prodigios tecnológicos que han hecho de Apple la empresa más valiosa del planeta.
Lo que el Presidente Obama quería saber era cómo hacer para que Estados Unidos se parezca más a China, pero la realidad indica que lo que está pasando es justamente lo contrario y en muchos aspectos, es deseable que así sea. Hablemos de la investigación hecha por una ONG internacional, la Asociación para el Trabajo Justo (en inglés, FLA) sobre las condiciones laborales de los empleados que trabajan en Foxconn, el conglomerado manufacturero de origen taiwanés que hace los productos de Apple en China.
Hecha pública esta semana, la investigación confirma lo que todo el mundo sospechaba y es que las condiciones en Foxconn dejan mucho que desear. Semanas laborales de más de 60 horas, ciclos de hasta 11 días sin descansos y artificios matemáticos para evitar pagar tiempo extra, son la norma en las factorías que escupen aparatos electrónicos a razón de uno y medio cada segundo.
La reacción al reporte de la FLA fue igualmente vertiginosa. Apple, que sabe identificar una buena oportunidad de marketing cuando la ve, prometió corregir todas las anomalías y trabajar con el proveedor para empezar a ofrecer a su mano de obra condiciones laborales que se acercan más a las de sus pares en Occidente. Es un resultado de la globalización que está elevando el piso para beneficio de los trabajadores chinos.
Como en las fábricas de Foxconn se hacen productos de muchas marcas y no sólo los de Apple, el encarecimiento de la manufactura china, al menos en el ramo electrónico, será general. Dudo mucho que Apple y otros empresas lo descontarán de sus márgenes, o sea que se lo trasladarán al consumidor, lo cual es indeseable si uno mira su propio bolsillo, pero correcto si hemos de acabar de una vez por todas con la hipocresía de vivir criticando a China, mientras nos beneficiamos de los precios bajos de todo lo que produce.
No hay vuelta que darle, si las fábricas chinas se empiezan a parecer más a las de Estados Unidos la vida será más cara, pero quiero creer que el mundo será un lugar un poco mejor cuando explotar a los operarios deje de ser la norma y pase a ser la excepción.
Quiero dedicar unos párrafos al papel de la prensa en todo esto. Durante años se ha sabido que detrás de los muros inexpugnables de las fábricas de Foxconn en China, hay cientos de miles de millones de personas que llevan una existencia miserable.
Una racha de suicidios de una veintena de obreros ocurrida hace dos años causó algún revuelo, pero no encendió las alarmas.
Lo que empezó a hacer que el asunto caminara en la dirección correcta, fue una serie de reportajes aparecida en The New York Times a comienzos de este año, en la que el periódico exponía el costo humano asociado a la producción de iPhones y iPads.
La forma tan exhaustiva pero al mismo tiempo equilibrada en que el periódico inspeccionó la cadena de suministros de Apple, resultó teniendo un impacto fundamental y sospecho que duradero en las relaciones laborales en China.
No fue la prensa libre de Beijing –ah, se me olvidaba que eso no existe- ni la presión de nosotros los consumidores negligentes lo que destapó la olla, sino un grupo de reporteros que estaba haciendo su trabajo. He aquí otro aspecto en el que, contrario a lo que quiere el Presidente Obama, China debería parecerse más a Estados Unidos.

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